En el Alto Sur, un grupo minoritario de sureños se opuso a la esclavitud por diversas razones que iban más allá de la mera política.
1. Motivos morales y religiosos
Muchos protestantes, especialmente metodistas, cuáqueros y presbiterianos, consideraban que la esclavitud contradecía los principios cristianos de igualdad y compasión. Su conciencia religiosa los impulsó a unirse al movimiento abolicionista.
2. Cuestiones económicas
Algunos argumentaban que mantener a los esclavos era costoso: había que invertir en vivienda, alimentación y cuidados médicos, lo que reducía las ganancias. Además, la dependencia del algodón hacía que la economía del Sur fuera vulnerable a los vaivenes del mercado internacional.
3. Miedo a rebeliones
La revuelta de Nat Turner en 1831, que sacudió a Virginia, avivó el temor a nuevos levantamientos. Este miedo llevó a algunos a cuestionar la viabilidad de una economía basada en la esclavitud.
4. Competencia con el Norte
El Norte industrializado competía cada vez más con el Sur agrario. Algunos creían que la dependencia del trabajo esclavo ponía al Alto Sur en desventaja frente a la producción mecanizada y eficiente del Norte, limitando la diversificación económica.
5. Influencias filosóficas
Un pequeño grupo adoptó ideas de la Ilustración que defendían la libertad y la igualdad individual. Figuras como Thomas Jefferson y John Randolph de Roanoke expresaron críticas, aunque su impacto fue limitado por la presión social a favor de la esclavitud.
En contraste, la mayoría de los sureños, sobre todo en el Deep South, defendían fervientemente la esclavitud. Los movimientos abolicionistas se concentraron mayormente en el Norte, aunque algunos sureños arriesgaron su vida para oponerse al sistema.