El sistema doméstico, también conocido como sistema de puesta a destajo, fue una forma de organizar la producción industrial mediante trabajadores externos. En este modelo, los materiales se entregaban a los artesanos en sus hogares, donde los procesaban y luego devolvían al comerciante o fabricante para su acabado y venta.
Características principales
Producción descentralizada
La producción se realizaba en los hogares de los trabajadores, que actuaban como contratistas independientes, a menudo con la ayuda de familiares.
Comerciantes‑capitalistas
Los comerciantes y fabricantes suministraban las materias primas, organizaban el proceso de trabajo y gestionaban la distribución y venta del producto terminado, estableciendo normas y precios.
Mano de obra flexible
Los comerciantes podían ajustar la fuerza laboral según la demanda; los trabajadores complementaban sus ingresos aceptando encargos adicionales o dedicándose a otras actividades durante los periodos de menor actividad.
Entorno rural
El sistema prosperó en áreas rurales donde había abundante mano de obra, especialmente mujeres y niños, que combinaban el trabajo doméstico con actividades agrícolas, aportando ingresos a sus familias.
Condiciones laborales precarias
Los obreros solían enfrentarse a largas jornadas, bajos salarios y ambientes de trabajo estrechos e insalubres, lo que provocaba problemas de salud y explotación.
Con la expansión del sistema fabril, el sistema doméstico fue gradualmente sustituido por la producción centralizada en fábricas.