Durante la Segunda Guerra Mundial, tanto hombres como mujeres se incorporaron a las fuerzas armadas por distintas motivaciones, entre las que destacan dos factores clave:
Patriotismo y sentido del deber
Muchos se alistaron impulsados por el patriotismo y la obligación de defender a su nación, con el deseo de contribuir a la lucha por la libertad y la justicia a nivel mundial.
Necesidades económicas
En medio de la Gran Depresión y la escasez generalizada, el ejército ofrecía salario estable, alimentación, alojamiento y atención médica, garantizando un ingreso seguro en tiempos de incertidumbre.