Contexto histórico
Contrario a la creencia popular, la agricultura y el comercio no experimentaron una caída en el siglo IV. Durante esa época el Imperio Romano disfrutó de una notable prosperidad económica, conocida como la Era Constantina.
Factores de crecimiento
Las reformas de Constantino I, la estabilización de la moneda y la mejora de las infraestructuras (carreteras, puertos y acueductos) favorecieron la producción agrícola y el intercambio comercial tanto dentro del Imperio como con regiones vecinas.
Consecuencias
Este auge permitió un aumento de la población urbana, la expansión de mercados y la circulación de bienes de lujo, consolidando al Imperio como un centro económico dominante en el Mediterráneo.