La Guerra de los Cien Años (1337‑1453) estuvo marcada por enfrentamientos decisivos y tratados que cambiaron el rumbo del conflicto entre Inglaterra y Francia.
Batallas y momentos clave
Batalla de Crécy (1346)
Considerada la primera gran victoria inglesa, el rey Eduardo III derrotó a un ejército francés mucho mayor dirigido por el rey Felipe VI. Los arqueros con arco largo y los caballeros desmontados ingleses infligieron graves bajas a los franceses.
Batalla de Poitiers (1356)
Otra victoria inglesa importante en la que el rey Juan II de Francia fue capturado. Un ejército inglés inferior logró derrotar a la fuerza francesa, marcando un punto de inflexión crítico.
Rebelión de la Jacquerie (1358)
Levantamiento campesino provocado por las duras condiciones y los impuestos impuestos por la nobleza francesa. Aunque fue sofocada, la revuelta debilitó aún más a la monarquía francesa.
Tratado de Brétigny (1360)
Este acuerdo puso fin a la primera fase del conflicto, cediendo a Inglaterra gran parte del territorio francés, incluidos Calais y Aquitania. Sin embargo, no resolvió las causas subyacentes y más tarde fue repudiado por Francia.
Batalla de Agincourt (1415)
El rey Enrique V lideró a una pequeña fuerza inglesa contra un ejército francés mucho mayor, logrando una victoria gracias al uso efectivo de los arqueros con arco largo, una táctica similar a la de Crécy.
Tratado de Troyes (1420)
Firmado entre Inglaterra y Francia, declaraba a Enrique V heredero del trono francés y desheredaba al delfín Carlos. El tratado fue impopular y finalmente rechazado por los franceses.
Batalla de Patay (1429)
Con la participación de Juana de Arco, los franceses derrotaron a un ejército inglés y recuperaron Orleáns. Esta victoria revitalizó la moral francesa y desencadenó una serie de triunfos que culminaron con la expulsión de los ingleses de Francia.
Estos episodios son solo una muestra de los acontecimientos que definieron la compleja y prolongada Guerra de los Cien Años, cuyo impacto se sintió profundamente en ambas naciones.