El concepto de orden de tortura está estrechamente ligado a la Inquisición española, un sistema judicial creado en 1478 por los Reyes Católicos, Isabel I y Fernando V, con el objetivo de preservar la ortodoxia católica.
Durante la Inquisición, estas órdenes se utilizaban como medio para obtener confesiones y castigar la herejía, convirtiéndose en un símbolo histórico de la represión religiosa.