Determinar con precisión el porcentaje de personas en el mundo que disfrutan del pollo es prácticamente imposible. Las preferencias alimentarias dependen de factores individuales, culturales, religiosos y económicos, lo que genera una gran variabilidad.
Los estudios de consumo de carne suelen basarse en encuestas nacionales y datos de venta, pero rara vez abarcan a toda la población global ni consideran la diversidad de gustos. Además, en algunos países el pollo es un alimento básico, mientras que en otros su consumo es limitado por costumbres o restricciones dietéticas.
En resumen, no existe una cifra exacta; cualquier estimación estaría sujeta a un amplio margen de error y dependería del método de investigación utilizado.