Conflictos internos y luchas por el poder
Tras la muerte de Shah Abbas I en 1629, el imperio vivió una etapa de inestabilidad marcada por intensas disputas sucesorias, lo que debilitó la autoridad central y erosionó la cohesión del Estado.
Problemas económicos
El control centralizado del comercio y la economía generó políticas rígidas e ineficientes, frenando el crecimiento y la innovación. Además, la competencia creciente de potencias europeas desvió rutas comerciales tradicionales, afectando gravemente los ingresos safávidas.
Invasiones externas
El imperio tuvo que enfrentarse a los otomanos, los rusos y tribus afganas, lo que provocó pérdidas territoriales, enormes gastos y la desviación de recursos que podrían haberse destinado al desarrollo interno.
Debilidades militares y retraso tecnológico
El ejército, que bajo Shah Abbas I había sido una fuerza formidable, quedó obsoleto en armamento y tácticas. La ausencia de un ejército permanente y disciplinado obligó al régimen a depender de fuerzas tribales poco fiables.
Problemas administrativos y corrupción
La burocracia safávida sufrió ineficiencias y corrupción, lo que dificultó una gobernanza eficaz. Los gobernadores regionales a menudo actuaban como señores autónomos, reduciendo su lealtad al centro.
Declive de la Ruta de la Seda
El descenso de la Ruta de la Seda en los siglos XVII‑XVIII, provocado por la reorientación del comercio mundial y la aparición de nuevas potencias económicas, mermó los intereses comerciales y los ingresos del imperio.
La combinación de estos factores condujo al colapso y la fragmentación del Imperio Safávida a principios del siglo XVIII.