1. Carrera armamentista
Las potencias europeas se lanzaron a una serie de aumentos masivos de armamento, cada una intentando superar a la otra.
Alemania, Francia, Austria‑Hungría, Italia y Rusia competían por contar con los ejércitos y armadas más grandes y poderosos.
Gran Bretaña centró sus esfuerzos en fortalecer la Royal Navy.
Los países invirtieron fuertemente en nuevas armas y tecnologías: acorazados, submarinos, ametralladoras, artillería y aviones.
2. Alianzas y ententes
Alemania estaba aliada con Austria‑Hungría e Italia.
Francia mantenía la alianza con Rusia.
Gran Bretaña tenía un entendimiento informal con Francia, la Entente Cordial.
Estas alianzas generaron una sensación de seguridad y confianza, pero al mismo tiempo avivaron la competencia y aumentaron las tensiones y sospechas entre las grandes potencias.
3. Expansión imperial
Las potencias europeas competían por colonias e influencia en África, Asia y Oriente Medio.
La lucha por territorios imperiales intensificó los rivalismos nacionales y la desconfianza mutua.
4. Cultura militarista
Glorificación del ejército: muchos países europeos abrazaron el militarismo, considerando una fuerza militar robusta como motivo de orgullo nacional y símbolo de poder.
Nacionalismo agresivo: el creciente sentimiento nacionalista alimentó la disposición a recurrir a la fuerza militar.
5. Deficiencias diplomáticas
La falta de canales de comunicación claros y el fracaso de la diplomacia para resolver pacíficamente las rivalidades políticas y los intereses contrapuestos entre naciones europeas permitieron que crisis como el asesinato del archiduque Franz Ferdinand en 1914 se transformaran en un conflicto a gran escala.