Tras la Primera Guerra Mundial, Rusia atravesó una serie de crisis que transformaron radicalmente su estructura política, económica y social.
Colapso económico
La guerra dejó la economía rusa en ruinas. La producción agrícola se redujo a la mitad y la industrial cayó a un tercio de su nivel preguerra. Las redes de transporte estaban devastadas y se extendieron graves escaseces de alimentos y combustible.
Agitación social
El colapso económico y la enorme pérdida de vidas generaron un amplio descontento. Obreros y campesinos fueron los más afectados, lo que provocó huelgas, motines y protestas en todo el país. El Partido Bolchevique, liderado por Vladimir Lenin, aprovechó el caos para consolidar su poder en noviembre de 1917.
Tratado de Brest‑Litovsk
En marzo de 1918 el nuevo gobierno bolchevique firmó el Tratado de Brest‑Litovsk, que puso fin a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial. El acuerdo cedió a Alemania importantes territorios de Europa del Este —Polonia, Finlandia y los estados bálticos—, lo que alimentó un profundo resentimiento entre la población rusa.
Guerra civil rusa
Los bolcheviques no controlaban todo el territorio. Diversas facciones, entre ellas el Ejército Blanco apoyado por los Aliados, se enfrentaron a ellos. La guerra civil se prolongó de 1918 a 1921 y culminó con la victoria de los bolcheviques.
Creación de la Unión Soviética
En diciembre de 1922 se proclamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un Estado comunista bajo el mando del Partido Comunista. La URSS emergió como una de las grandes potencias del siglo XX, desempeñando papeles clave en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría.