Desde la fundación de los Estados Unidos, varios presidentes han utilizado su autoridad constitucional como comandante en jefe para desplegar fuerzas militares en el extranjero sin que el Congreso haya emitido una declaración formal de guerra. A continuación, se presentan los casos más emblemáticos.
1. Guerras de los Barbarescos (1801‑1815)
Ante los constantes ataques de los piratas de Argel a la flota mercante estadounidense, el presidente Thomas Jefferson envió buques de la Marina al Mediterráneo para combatirlos, sin solicitar una declaración de guerra.
2. Guerra de Corea (1950‑1953)
El presidente Harry S. Truman ordenó el envío de tropas a Corea del Sur para repeler la invasión del Norte. Aunque nunca se declaró la guerra, el conflicto se conoció como la Guerra de Corea.
3. Intervención en la República Dominicana (1965‑1966)
Durante una crisis política y una guerra civil, el presidente Lyndon B. Johnson desplegó soldados estadounidenses para restaurar el orden, evitar una posible toma comunista y garantizar elecciones democráticas, sin una declaración formal de guerra.
4. Primera Guerra del Golfo (1990‑1991)
Tras la invasión de Kuwait por Irak, el presidente George H. W. Bush autorizó la Operación Tormenta del Desierto, una campaña militar contra Irak que se llevó a cabo sin una declaración de guerra.
5. Guerra en Afganistán (2001‑2021)
Después de los atentados del 11 de septiembre, el presidente George W. Bush ordenó la invasión de Afganistán para desmantelar a Al‑Qaeda y a los talibanes, sin que el Congreso declarara la guerra.
6. Guerra de Irak (2003‑2011)
En 2003, el presidente George W. Bush inició una campaña militar contra Irak alegando la existencia de armas de destrucción masiva y vínculos con el terrorismo. La acción se realizó sin una declaración formal de guerra, y posteriormente las acusaciones fueron cuestionadas.
Estos ejemplos ilustran cómo los presidentes estadounidenses han recurrido a su poder ejecutivo para usar la fuerza militar en el exterior sin la autorización del Congreso, lo que suele generar controversia y debates sobre el equilibrio entre los poderes ejecutivo y legislativo.