Historia antigua

La Cuarta Cruzada

La Cuarta Cruzada (1202‑1204) fue convocada por el Papa Inocencio III y terminó con el saqueo de Constantinopla, una capital cristiana. A continuación se explica por qué una expedición dirigida a Jerusalén terminó atacando al Imperio Bizantino.

Antecedentes a la Cuarta Cruzada

Las relaciones entre occidente y Bizancio ya estaban deterioradas antes de la cuarta expedición. El emperador bizantino desconfiaba de los cruzados desde la Primera Cruzada, y los señores occidentales resentían la falta de apoyo bizantino contra los musulmanes. La caída del condado de Edessa en 1144 provocó la Segunda Cruzada, que tampoco contó con la colaboración bizantina, aumentando la desconfianza mutua.

Durante la Tercera Cruzada (1189‑1192) el emperador bizantino Isaac II mantuvo una postura hostil hacia los cruzados, mientras que el surgimiento de Saladino y la dinastía ayubí desviaba la atención occidental hacia Oriente Próximo, dejando a Bizancio como un aliado poco fiable.

¿Fue errática la política de la Cuarta Cruzada?

Inocencio III, coronado en 1198, convocó la cruzada en 1202, pero su iniciativa fue diferente a las anteriores: por primera vez el papado aportó fondos propios. Sin embargo, la mayoría de los participantes fueron príncipes y caballeros del norte de Francia; la ausencia de reyes redujo considerablemente el número de combatientes y la capacidad financiera.

Plan original y su cambio

El objetivo inicial era atacar Egipto, entonces bajo control ayubí, y desde allí dirigirse a Jerusalén. Para ello los cruzados necesitaban una flota y firmaron un contrato con la República de Venecia, que proporcionaría los barcos a cambio de un pago que los cruzados no pudieron cubrir.

Ante la falta de fondos, Venecia propuso una alternativa: los cruzados ayudarían a la ciudad cristiana húngara de Zara (Zadar) a someter a sus defensores en cambio de la cancelación de parte de la deuda. Tras saquear Zara, el Papa excomulgó a los cruzados, pero la presión veneciana continuó.

En ese mismo momento surgió la propuesta de atacar Constantinopla, capital del Imperio Bizantino, con el argumento de que el emperador Isaac II había incumplido promesas de apoyo y que la ciudad representaba un obstáculo económico para Venecia. Los cruzados aceptaron, cambiando el objetivo de Egipto a Constantinopla.

Hipótesis del Papa Inocencio III

Inocencio III recibió informes de que los cruzados podrían dirigirse contra Constantinopla. Intentó detener la expedición mediante una carta, alegando la necesidad de la reunificación de la Iglesia entre Oriente y Occidente. Sin embargo, el papa mantuvo una postura ambivalente, permitiendo que la cruzada siguiera su rumbo mientras preservaba la pretensión de que el objetivo final era Jerusalén.

Circunstancias internas del Imperio Bizantino

Durante la década de 1180‑1200 el Imperio Bizantino vivió una serie de crisis:

  • 1180: muerte del emperador Manuel I; su hijo menor sube al trono bajo la regencia de su madre.
  • 1182: Andronikos I destrona a la madre regente y a su hermano.
  • 1183‑1185: el reinado de Andronikos I es marcado por reformas forzadas y una creciente oposición aristocrática.
  • 1185: Isaac II Angelos toma el poder tras una revuelta.
  • 1195: Alexio III, hermano de Isaac II, depone a su hermano mediante un golpe de Estado.
  • 1201‑1202: Alexio IV, hijo de Isaac II, huye al oeste y solicita ayuda a los cruzados para recuperar el trono.

Estas luchas internas dejaron al imperio débil y dependiente de la ayuda occidental, lo que facilitó la intervención veneciana.

La expedición real

Los cruzados llegaron a Constantinopla en 1203. Alexio IV, apoyado por Venecia, exigió ser coronado, lo que desencadenó una breve guerra civil. Tras la caída de Alexio III, Isaac II e Alexio IV fueron reinstaurados, pero su promesa de pagar a los cruzados una enorme suma de dinero no pudo cumplirse.

Coronación de Alexio IV

Alexio IV aceptó la condición veneciana de pagar 200.000 marcos de oro y proporcionar recursos navales. Para conseguir el dinero incrementó impuestos y confiscó propiedades, lo que generó descontento popular.

Rebelión en Constantinopla

El pueblo, percibiendo a Alexio IV como un títere occidental, se alzó contra él. Los latinos procruzados y los bizantinos anti‑cruzados se enfrentaron en violentos disturbios. En 1204, Alexio V (Mourtzouphlos), primo de Alexio III, tomó el poder, asesinó a Isaac II y Alexio IV y ordenó la defensa de la ciudad.

Segundo asedio a Constantinopla

Los cruzados, ahora aliados con una facción veneciana, lanzaron un segundo asedio. Aprovechando la ventaja naval veneciana y una tormenta que cambió la dirección del viento, lograron abrir brechas en las murallas. El 12 de abril de 1204 la ciudad cayó.

El saqueo posterior fue brutal: se destruyeron tesoros, se violaron iglesias y se apropiaron obras de arte. El líder veneciano Enrico Dandolo dirigió la toma, aunque se dice que su objetivo principal era asegurar el dominio comercial, no el botín religioso.

Consecuencias de la caída de Constantinopla

Establecimiento del Imperio Latino

Los cruzados fundaron el Imperio Latino de Constantinopla, mientras que los territorios bizantinos restantes fueron repartidos entre nobles venecianos y feudales occidentales. La familia imperial bizantina escapó y estableció estados menores en Grecia y en el Egeo.

Impacto en las cruzadas posteriores

La Cuarta Cruzada demostró que los intereses venecianos y los de los príncipes podían sobreponerse a la autoridad papal. A partir de la Quinta Cruzada, la iniciativa real y noble predominó sobre la dirección papal.

Dominio marítimo de Venecia

Venecia obtuvo importantes posesiones en el Mediterráneo (parte de Constantinopla, Creta, entre otras islas) y consolidó su hegemonía comercial durante los siglos siguientes.

Así, la Cuarta Cruzada pasó a la historia como una expedición que, bajo la bandera cristiana, terminó atacando a un hermano cristiano y remodeló el mapa político y económico de Europa y el Mediterráneo.