Ese verano de 1987 y el Puente de Alcántara
Siempre escuché hablar del Puente de Alcántara; mis padres, Eusebio y Candela, nacieron en ese famoso pueblo en 1926. Junto a sus compatriotas, lo mencionaban con orgullo: “Nuestro pueblo tiene el puente más antiguo y mejor conservado de toda España”. En las reuniones familiares o al caminar por el sendero que une el convento de las monjas con el puente, esas palabras mostraban el cariño que sentían por la construcción.
En los años 80, sin televisión, Google ni YouTube, la única imagen que tenía del puente eran las fotografías colgadas en los centros culturales extremeños de Cataluña. Fue entonces, en el caluroso verano de 1987, cuando lo vi por primera vez en persona (la foto a la derecha es la primera). No fue por la fiesta junto al Bar Lisboa, donde se reunían los hijos de inmigrantes, sino por una curiosidad que me llevó al pueblo de mis padres.
En ese momento era un estudiante desmotivado del segundo ciclo de Formación Profesional en Electrónica. Al cruzar el puente surgieron preguntas que no dejaban de rondar mi cabeza: ¿Cómo ha resistido 2.000 años? ¿Quiénes fueron sus constructores romanos y cuándo? ¿Qué ocurrió en los distintos períodos históricos? Esa visita marcó el inicio de mi interés por la historia del puente.
Orígenes romanos
El puente se construyó entre los años 103 y 106 d.C., bajo el mandato del emperador Trajano, nacido a unos 300 km al sur del propio puente. Su financiación provino de varias villas que comerciaban entre Augusta Emerita y la actual Beira portuguesa. El ingeniero Cayo Julio Lacer diseñó una estructura de seis arcos apoyados en cinco pilares; el central está siempre bajo el agua y los dos adyacentes permanecen sumergidos la mayor parte del tiempo. La clave de su durabilidad ha sido la cimentación directamente sobre la roca natural, que ha protegido la obra de la corriente del Tajo durante milenios.
Historia a través de los siglos
El puente permaneció intacto hasta, al menos, 1213, cuando el geógrafo musulmán Al-Idrisi lo describió como una de las maravillas del mundo. Sin embargo, los conflictos entre los almohades y el rey de León, Alfonso IX, provocaron la pérdida del arco derecho. Fue reparado poco después. Otro episodio destacado ocurrió a finales del XV, durante la guerra entre Portugal y Castilla; el duque de Villahermosa amenazó con derribarlo y el rey portugués respondió: «No derriben el puente; si conquisto Castilla, lo rodearé, porque no quiero un reino sin él».
Grabado del siglo XIX que muestra el puente antes de su última restauración.
Reyes posteriores, como Carlos V y Carlos III, ordenaron reparaciones que conservaron el diseño original. En 1858, bajo el reinado de Isabel II y gracias a la Academia de Historia, se restauró el arco triunfal central, dándole la apariencia que vemos hoy.
El puente en la era contemporánea
En el siglo XXI el Puente de Alcántara muestra signos de deterioro. Resulta sorprendente que aún no esté declarado Patrimonio de la Humanidad y que continúe soportando el paso de camiones. El rey Felipe VI podría aparecer en una placa conmemorativa, aunque el autor confía poco en que eso suceda.
Imagen actual del puente, publicada por los amigos del Día de la Romanidad.
En recuerdo de aquel verano de 1987, agradezco a Federico Romero, Pedro Villanueva y León Arsenal por impulsar el Día de la Romanidad y denunciar el estado del puente. Desde Walking through History apoyamos cualquier iniciativa que promueva su conservación. Invitamos a los lectores a consultar la página oficial del Día de la Romanidad para conocer su situación actual.
Más información:
Cuadernos Populares, Juan J. Villarroel Escalante, Ed. Regional de Extremadura, 1991.