Materiales más utilizados
Los escultores romanos trabajaban con una variedad de materiales. El mármol blanco era el favorito por su belleza y resistencia, y se empleaba en la mayoría de las obras públicas y monumentales.
El caliza y el bronce también eran habituales; la caliza servía para esculturas de menor escala o como modelo, mientras que el bronce permitía crear piezas con gran detalle y dinamismo.
La madera se reservaba para estatuas pequeñas, decorativas o temporales, pues era más fácil de tallar y más económica.
Otros materiales como la terracota, el alabastro y la piedra de Paros también aparecen en el repertorio romano, especialmente en contextos religiosos o domésticos.