El apodo que la persiguió
María Antonieta nunca logró desprenderse del sobrenombre Madame Déficit. Desde los primeros años de su reinado, la prensa y la opinión pública lo asociaron con los crecientes gastos de la corte.
Este mote la acompañó durante todo su mandato y, al alimentarse de la crisis financiera y la creciente tensión social, se convirtió en un símbolo de la opulencia y la irresponsabilidad del antiguo régimen. Finalmente, el apodo contribuyó a erosionar su imagen y a acelerar su caída durante la Revolución Francesa.