En 1917, la moda femenina reflejaba tanto la elegancia de la época como las limitaciones impuestas por la Primera Guerra Mundial. A continuación se describen las prendas y accesorios más habituales.
Corsés
Los corsés seguían siendo muy populares en 1917, aunque su uso empezó a disminuir a principios de la década de 1920. Estas prendas estrechaban la cintura para conseguir una silueta de reloj de arena, a menudo incómoda pero considerada esencial para estar a la moda.
Faldas largas
Las faldas largas dominaban el vestuario femenino. Solían llegar hasta la mitad de la pantorrilla o más abajo, con algunos modelos ligeramente acampanados y otros de corte recto.
Blusas
Las blusas eran la prenda superior más habitual. Fabricadas en algodón o seda, presentaban variedad de escotes y longitudes de manga.
Chaquetas
Para el clima frío, las mujeres usaban chaquetas de lana o piel, diseñadas para proporcionar calor durante los meses de invierno.
Sombreros
El sombrero era un accesorio imprescindible. Existían desde modelos pequeños y ajustados hasta sombreros más grandes y elaborados.
Calzado
Los zapatos, generalmente de cuero o gamuza, venían en distintas alturas de tacón y estilos, adaptándose a la ocasión.
Joyas
Aunque no tan prominentes como en otras épocas, muchas mujeres llevaban collares, pendientes y pulseras.
Bolsos
Los bolsos, hechos de cuero o tela, servían para llevar cosméticos, dinero y llaves.
Maquillaje
El maquillaje no estaba tan extendido como hoy, pero algunas mujeres usaban polvo, colorete y lápiz labial.
Peinados
Los peinados solían ser sencillos y prácticos: el cabello largo se recogía en trenzas o moños, mientras que otras adoptaban el corte bob más corto.