Tras la Revolución, el nuevo gobierno federal necesitaba una estrategia para saldar la enorme deuda contraída durante la guerra. Alexander Hamilton, primer Secretario del Tesoro, propuso un plan de tres pilares que sentó las bases del sistema financiero de EE. UU.
Asunción de las deudas estatales
El gobierno central aceptaría las deudas que cada estado había contraído durante el conflicto. De este modo, se restauraba la credibilidad crediticia de los estados y se facilitaba su acceso a futuros préstamos.
Creación de un banco nacional
Se fundaría un Banco de los Estados Unidos, encargado de regular el sistema financiero, emitir moneda y otorgar préstamos a empresarios. El banco impulsaría el crecimiento económico y la generación de empleo.
Imposición de aranceles a la importación
Se establecerían aranceles sobre los productos importados para recaudar ingresos y proteger a la industria nacional de la competencia extranjera, aumentando así los recursos del gobierno y fomentando la producción interna.
Estos tres componentes permitieron al joven país estabilizar sus finanzas y sentar las bases de una economía moderna.