Figuras Históricas

Ōtagaki Rengetsu, la monja poetisa japonesa

Artista polifacética – pintora, calígrafa, ceramista, bailarina, costurera, experta en artes marciales y monja budista – Ōtagaki Rengetsu (1791‑1875) es una de las poetisas más relevantes del Japón de su época.

Hija de geisha y samurái

Ōtagaki Rengetsu, la monja poetisa japonesa

Probablemente hija de una geisha, nació el 10 de febrero de 1791 en Kioto, bajo el periodo Edo. Provenía de la familia samurái Tōdō y, de pequeña, fue adoptada por el samurái Ōtagaki Teruhisa. Gracias a una educación esmerada desarrolló habilidades en poesía, literatura y caligrafía, y también se entrenó en artes marciales.

Más tarde se convirtió en dama de compañía en el castillo de Kameoka, en Hirado, donde continuó su aprendizaje en las artes tradicionales. Allí destacó en el waka, la poesía breve japonesa, y también practicó danza, costura y la ceremonia del té. Permaneció en Kameoka hasta los 16 años, cuando contrajo su primer matrimonio.

Loto‑Luna

Su vida conyugal estuvo marcada por el dolor. Tras perder a su madre adoptiva y a su hermano, su primer esposo resultó abusivo y los tres hijos que tuvo con él murieron poco después de nacer. En 1819 se volvió a casar; tuvo dos hijos, pero en 1823, mientras estaba embarazada del segundo, su marido falleció y, poco después, también perdió a sus niños.

Desolada, decidió abrazar la vida monástica. Ingresó al templo Chion‑in de Kioto, donde adoptó el nombre budista Rengetsu, que significa “Loto‑Luna”. Allí escribió poemas cargados de melancolía y pérdida, ganándose la admiración de artistas como Ozawa Roan, Ueda Akinari y Tomioka Tessai. Además de la poesía, se dedicó a la caligrafía y la pintura para ilustrar sus versos.

Poetisa y ceramista

Rengetsu permaneció en Chion‑in casi una década. En 1832 sufrió la muerte de su padre adoptivo y, para subsistir, comenzó a producir cuencos de cerámica en los que pintaba o grababa sus poemas antes de venderlos en el mercado. Aunque su técnica no era la de un alfarero profesional, la combinación de la belleza de sus palabras y la armonía visual de sus piezas la hizo única y muy solicitada. Llegó a contratar ayudantes para atender la creciente demanda.

Su deseo de tranquilidad la llevó a trasladarse periódicamente a diferentes templos, hasta que, a los 74 años, se instaló en el templo Jinkō‑in de Kioto, donde falleció en 1875. Su legado perdura: la poesía de Rengetsu sigue siendo celebrada como una de las más grandes del periodo Edo, y sus cerámicas continúan inspirando a artesanos contemporáneos.

Obras destacadas

"Los remos golpean al ritmo
De la canción del pescador,
Cantada con ligereza,
La luna flota alta
Sobre su barca"

"La evanescencia
De este mundo flotante
La siento una y otra vez:
La mayor dificultad
Es ser quien permanece."