Contexto histórico
Sir Edmund Andros fue el último gobernador real de la colonia de Nueva York, nombrado por el rey Carlos II en 1683. Su administración se caracterizó por la imposición de políticas autoritarias, como la centralización del poder, la recaudación forzosa de impuestos y la supresión de las asambleas locales.
En 1688 estalló la Revolución Gloriosa en Inglaterra, que derrocó al rey Jacobo II y favoreció la restauración de los derechos coloniales. Los colonos de Nueva York, al enterarse de los cambios en la metrópoli, aprovecharon la oportunidad para protestar contra el gobierno de Andros.
En 1689, liderados por figuras como Jacob Leisler, los residentes de la ciudad de Nueva York y sus alrededores organizaron una revuelta. Exigieron la renuncia de Andros, la restauración de sus asambleas y la devolución de sus propiedades confiscadas.
El movimiento tuvo éxito: Andros fue arrestado, enviado a Inglaterra y finalmente destituido. La revuelta marcó el fin del gobierno real en la colonia y sentó las bases para la mayor autonomía que disfrutarían los colonos en los años siguientes.