La ametralladora: el arma más letal
La ametralladora se consolidó como el arma más peligrosa de la Primera Guerra Mundial. Aunque ya había sido empleada en la Guerra Civil estadounidense, fue durante el conflicto europeo cuando su uso se generalizó y cambió la naturaleza del combate.
Capaz de disparar cientos de proyectiles por minuto, la ametralladora podía arrasar filas enteras de infantería en cuestión de segundos. Su poder de fuego sostenido obligó a los ejércitos a replantear tácticas, creando trincheras y líneas de defensa más complejas.
Además, la versatilidad de la ametralladora aumentó su letalidad: se instaló en vehículos blindados, camiones y aviones, extendiendo su alcance y convirtiéndola en una amenaza constante tanto en el suelo como en el aire.