Razones de la entrada de EE. UU. en la Primera Guerra Mundial
Estados Unidos declaró la guerra en abril de 1917, dos años y medio después de que comenzara el conflicto en Europa. La decisión se basó en varios acontecimientos que cambiaron la opinión pública y la política del país.
Hundimiento del Lusitania (1915)
El crucero británico Lusitania fue torpedeado por un submarino alemán, provocando la muerte de más de 1 200 personas, entre ellas 128 estadounidenses. El ataque se percibió como una violación grave del derecho internacional y avivó el sentimiento anti‑alemán.
Telegrama Zimmermann (enero 1917)
Los británicos interceptaron un mensaje del secretario de Relaciones Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, dirigido al embajador en México. El telegrama proponía una alianza entre Alemania y México para recuperar los territorios perdidos frente a EE. UU. La revelación enfureció a la población estadounidense y reforzó la demanda de entrar en guerra.
Guerra submarina sin restricciones
A comienzos de 1917 Alemania retomó la política de guerra submarina ilimitada, hundiendo cualquier embarcación que cruzara el Atlántico, sin importar su bandera. Varios buques estadounidenses fueron derribados, lo que se convirtió en el último factor que empujó al Congreso a autorizar la declaración de guerra.
Consecuencias de la participación estadounidense
La incorporación de EE. UU. alteró de forma decisiva el desarrollo del conflicto.
Inyección masiva de hombres y recursos
Más de dos millones de soldados estadounidenses fueron enviados a Europa, acompañados de importantes suministros financieros, alimentos y municiones que reforzaron a los Aliados.
Desmoralización del ejército alemán
La llegada de tropas frescas al Frente Occidental minó la moral de los soldados alemanes, que ya llevaban años enfrentando una guerra de desgaste.
Aceleración del fin del conflicto
Las ofensivas aliadas de 1918, en las que participaron de forma crucial los soldados estadounidenses, obligaron a Alemania a retroceder y a solicitar el armisticio, firmado el 11 de noviembre de 1918.
Tras la guerra, EE. UU. emergió como una potencia mundial y comenzó a desempeñar un papel central en la política internacional durante las décadas siguientes.