Aplicar las leyes británicas y recaudar impuestos.
Los gobernadores reales eran designados por la Corona británica para administrar las colonias en Norteamérica. Su misión principal consistía en hacer cumplir la legislación británica y asegurar la recaudación de los tributos exigidos por el Imperio.
Además, tenían la autoridad para nombrar a funcionarios locales, convocar al cuerpo legislativo colonial y ejercer el mando sobre la milicia de la colonia, garantizando así el control político y militar de la Corona sobre el territorio.