La expresión guerra para acabar con todas las guerras surgió al final de la Primera Guerra Mundial, reflejando la esperanza de que la catástrofe impulsara soluciones pacíficas.
El presidente estadounidense Woodrow Wilson popularizó la frase en un discurso al Senado en 1917, justificando la entrada de EE. UU. al conflicto.
Intentos de paz tras el conflicto
El optimismo de la posguerra condujo a la creación de la Liga de Naciones, una organización internacional destinada a resolver disputas mediante la diplomacia y la seguridad colectiva.
Sin embargo, el idealismo decayó rápidamente con el ascenso del fascismo y el estallido de la Segunda Guerra Mundial dos décadas después.
Aunque la meta de una paz duradera no se alcanzó, la frase sigue recordándonos el horror de la guerra y la necesidad de evitar futuros conflictos.