La Primera Guerra Mundial no surgió de manera inesperada; fue el resultado de décadas de tensiones políticas, económicas y sociales que se fueron acumulando en Europa y sus colonias.
Imperialismo
Las potencias europeas expandieron sus imperios en África, Asia y Oceanía, compitiendo por recursos naturales, mercados y territorios. Esta rivalidad provocó disputas diplomáticas y una creciente desconfianza entre los grandes estados.
Colonialismo
La dominación y explotación de los pueblos colonizados generó resentimiento y movimientos de resistencia. El auge del nacionalismo anticolonial reforzó la identidad y el deseo de autodeterminación en las colonias, alimentando tensiones internacionales.
Nacionalismo
El fervor nacionalista se intensificó en Europa, impulsando a los países a buscar mayor prestigio y poder. La competencia por la supremacía se vio reforzada por una carrera armamentista que preparó a las naciones para un conflicto a gran escala.
Militarismo
El aumento de los presupuestos militares y la glorificación de la fuerza crearon una atmósfera de miedo y sospecha. Los ejércitos se modernizaban rápidamente, lo que dificultó la solución pacífica de las crisis.
Sistema de alianzas
Los pactos entre naciones —como la Triple Alianza y la Triple Entente— obligaban a los países a respaldar a sus aliados en caso de guerra. Así, un conflicto local podía escalar rápidamente a una guerra mundial.
Nacionalismo balcánico
Los Balcanes, territorio de gran diversidad étnica, vivieron un auge del nacionalismo que avivó los enfrentamientos entre serbios, búlgaros, griegos y otomanos. La inestabilidad de la región aumentó la probabilidad de un estallido mayor.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando
El 28 de junio de 1914, el archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado en Sarajevo por un nacionalista serbio. Este hecho desencadenó la cadena de movilizaciones y declaraciones de guerra que culminaron en el conflicto global.