El rey Luis XVI decidió convocar los Estados Generales en 1789 como respuesta a una serie de crisis políticas, económicas y sociales que amenazaban la estabilidad del reino.
Crisis financiera
Francia se encontraba al borde de la bancarrota debido al gasto excesivo en guerras, al desmesurado endeudamiento y a un sistema tributario ineficiente que gravaba sobre todo al campesinado mientras la nobleza y el clero estaban exentos.
Presión popular
La población, agobiada por la escasez de alimentos y la inflación, exigía reformas políticas y una mayor participación en el gobierno. Los disturbios y protestas crecían en las ciudades y en el campo.
Ideas ilustradas
Los ideales de la Ilustración – libertad, igualdad y soberanía popular – se difundían entre filósofos, intelectuales y la burguesía, cuestionando la autoridad absoluta del monarca.
Influencia de la Revolución americana
El éxito de la independencia de los Estados Unidos (1783) sirvió de inspiración y demostró que un régimen monárquico podía ser reemplazado por un gobierno representativo.
Fracaso de cosechas y escasez de pan
Las malas cosechas de los últimos años provocaron una grave escasez de alimentos y un alza del precio del pan, generando sufrimiento entre los campesinos y exacerbando el descontento social.
Presión de la nobleza y el clero
Algunos nobles y altos clérigos, conscientes de la crisis fiscal, presionaban al rey para que reformara los privilegios y encontrara nuevas fuentes de ingresos que aliviaran la carga del Estado.
Al convocar los Estados Generales, Luis XVI buscaba obtener consejo sobre la crisis financiera, legitimar sus decisiones y calmar el malestar creciente entre los distintos estamentos.