Durante la Primera Guerra Mundial el poder aéreo estaba en sus inicios y las teorías sobre su empleo se fueron definiendo rápidamente.
1. Reconocimiento aéreo
El uso principal de los aviones era la observación del enemigo. Desde el aire se recopilaba información sobre movimientos de tropas, posiciones y fortificaciones, lo que permitía a los comandantes planificar sus operaciones con mayor precisión.
2. Apoyo aéreo cercano (CAS)
Consistía en que los aviones atacaran directamente a las fuerzas terrestres enemigas —artillería, trincheras, infantería en avance— para ayudar a las unidades amigas. Las limitaciones de comunicación y la vulnerabilidad a la artillería antiaérea redujeron su efectividad.
3. Bombardeo estratégico
Hacia el final del conflicto surgió la idea de atacar centros industriales, redes de transporte y otras infraestructuras clave. Sin embargo, la precisión y el alcance de los bombarderos de la época eran modestos, por lo que los resultados fueron limitados.
4. Superioridad aérea
Aunque el concepto no estaba formalizado, los combates entre cazas fueron esenciales para controlar el espacio aéreo, proteger misiones de reconocimiento y bombardeo, y negar al enemigo la libertad de acción.
5. Defensa antiaérea
El desarrollo del poder aéreo obligó a ambos bandos a crear sistemas de defensa: cañones antiaéreos, luces de búsqueda y redes de observación para proteger tropas y objetivos estratégicos de los ataques desde el cielo.
6. Operaciones combinadas
Se empezó a coordinar el poder aéreo con otras ramas militares —artillería, infantería y fuerzas navales— para maximizar el impacto de las acciones y aprovechar las fortalezas de cada componente.
En conjunto, estas ideas fueron evolucionando a lo largo del conflicto y sentaron las bases de la doctrina aérea que se desarrollaría en guerras posteriores.