Condiciones de hacinamiento
Los barcos transportaban a cientos de presos en bodegas estrechas, oscuras y poco higiénicas. El exceso de gente provocaba mala ventilación, propagación de enfermedades y ausencia de privacidad.
Alimentación y agua insuficientes
Las raciones eran escasas, de baja calidad y a menudo contaminadas, lo que derivaba en desnutrición, escorbuto y otras dolencias.
Abuso físico
La tripulación recurría frecuentemente a golpes, azotes y castigos corporales contra los convictos.
Violencia sexual
Las mujeres encarceladas eran particularmente vulnerables a agresiones sexuales por parte de la tripulación y de otros presos.
Negligencia médica
Quienes enfermaban o se lesionaban rara vez recibían atención médica, lo que provocaba numerosas muertes evitables.
Tasas de mortalidad
El número de fallecidos en los viajes era alarmante; en algunos casos hasta la mitad de los presos morían antes de arribar al destino.
Reformas del siglo XIX
A mediados del siglo XIX se introdujeron mejoras: se emplearon embarcaciones más grandes y mejor ventiladas, se incrementó la calidad de la comida y el agua, y se redujeron los abusos físicos y sexuales.
Fin del transporte penal
Aunque las reformas mitigaron el sufrimiento, el transporte a colonias penales siguió siendo una experiencia dura y peligrosa. No fue sino hasta finales del siglo XIX que la mayoría de jurisdicciones abolió esta práctica.