Introducción
Las manifestaciones artísticas de Irán, aunque tradicionalmente se les ha llamado persas, pertenecen a una cultura que hoy se identifica como iraní. En este artículo utilizaremos el término más extendido para referirnos al período anterior a la llegada del islam (siglo VII d.C.), es decir, la época del antiguo Imperio persa y su prehistoria.
Periodo antiguo
En la prehistoria, los principales objetos artísticos fueron piezas de cerámica y pequeñas figuras de arcilla. Con la aparición de los imperios aqueo‑masónicos (Achaemenida y Sasánida, del VI a. C. al VII d. C.) la arquitectura y la escultura se convirtieron en los géneros predominantes. Tras la conquista árabe y la introducción del islam en el siglo VII, la escultura cayó en desuso y la arquitectura vivió un esplendor sin precedentes; la pintura retomó importancia entre los siglos XIII y XVII. En el siglo XX se produjo una revitalización de estas artes ancestrales, combinando modelos tradicionales con tecnología y materiales occidentales.
Arquitectura prehistórica
Los primeros ejemplos de arquitectura persa son casas diminutas construidas con mortero y ladrillos de barro crudo, descubiertas en asentamientos neolíticos del oeste de Irán. Las excavaciones en Tal‑i Bakun (cerca de Persépolis), Tal‑i Iblis y Tepe Yahya (cerca de Kerman) revelan poblados datados alrededor del 4000 a. C.
Imperio aqueménida (550‑331 a. C.)
El mayor desarrollo arquitectónico se dio bajo los aqueménidas. La capital de Ciro el Grande, Pasargadae, conserva ruinas que marcan el inicio de esta fase. Darío I fundó Persépolis, ampliada posteriormente por Jerjes I y Artajerjes I (465‑425 a. C.).
Influencia helenística
Después de la conquista de Alejandro Magno (331 a. C.) y el establecimiento de la dinastía seléucida, la arquitectura persa adoptó rasgos característicos del mundo griego.
Dinastía sasánida (226‑641 d. C.)
Los sasánidas impulsaron una importante renovación arquitectónica. Entre los restos mejor conservados destacan los palacios con cúpulas de Firuzabad, Gira y Sarvestán, así como la enorme sala de arcos de Ctesifón.
Escultura y artes decorativas
Durante el período aqueménida la escultura alcanzó una dimensión monumental; en el 515 a. C. Darío I mandó tallar un gran relieve y una inscripción en la ladera de Bisotun. Con los sasánidas solo se conserva una escultura libre de gran escala: la colosal figura del “rey fantasma” cerca de Bishapur.
Los primeros ejemplos de artes decorativas persas datan del final del VII milenio a. C., con representaciones de animales y figuras femeninas modeladas en arcilla. Entre el final del segundo milenio a. C. y mediados del primer milenio a. C., se produjo un florecimiento de la fundición en bronce en la zona montañosa al sur del Cáspio y en Luristán, creando arneses, hachas y objetos votivos con un estilo que combina animales reales y criaturas fantásticas.
En la época aqueménida, las artes decorativas comenzaron a emplearse en objetos de lujo: ornamentos, vasijas de oro y plata, jarras de piedra y joyería elaborada. La producción textil alcanzó su apogeo bajo los sasánidas, con motivos animales, vegetales y de caza organizados simétricamente dentro de medallones.
Periodo islámico
Tras la conquista árabe (641 d. C.), Irán pasó a formar parte del mundo islámico. Los artistas tuvieron que adaptarse a la cultura islámica, que a su vez absorbió numerosos elementos de la tradición iraní. La arquitectura siguió siendo la disciplina principal. Debido a la prohibición islámica de representar en tres dimensiones a seres vivos, la escultura decayó, mientras que la pintura –especialmente la representación del ser humano– experimentó un gran auge.
Arquitectura religiosa
La mezquita se convirtió en la tipología arquitectónica dominante. Entre los ejemplos más relevantes de la primera fase islámica en Irán destacan la Mezquita de Bagdad (764), la Gran Mezquita de Samarra (847) y la primera mezquita de Naʿīn (siglo X). Con la expansión del Imperio mongol, gran parte del desarrollo arquitectónico islámico se concentró en Irán. Tras la toma de Bagdad por los mongoles en 1258, surgió una corriente más vinculada a la tradición iraní, dando lugar a obras maestras como la Gran Mezquita de Veramin (1322), la Mezquita del Imam Reza en Meshad‑i‑Murghab (1418) y la famosa Mezquita Azul de Tabriz. También se construyó el majestuoso mausoleo del conquistador mongol Tamerlán y su familia en Samarcanda.
Pintura y manuscritos
El fresco y la miniatura manuscrita forman parte de la tradición artística persa desde la época sasánida, aunque sobreviven pocos fragmentos de los primeros ejemplos. A finales del siglo VII se produjeron copias del Corán en escritura kufí en pergaminos de al‑Barah y al‑Kufah.
El retrato se consolidó como género pictórico durante el siglo XVI. Uno de sus principales exponentes fue Ali Reza Abbasi, conocido por delinear sus figuras con sobriedad y trazos expresivos.
Artes artesanales
Las técnicas de producción textil, metalúrgica y cerámica desarrolladas en la época sasánida continuaron utilizándose a lo largo de toda la historia iraní. La confección de alfombras, en la que Irán ha sobresalido siempre, sigue siendo una actividad artística de gran relevancia en la actualidad.
Civilización persa
La riqueza cultural de Irán se refleja en su arte y arquitectura, que han influido y sido influenciados por civilizaciones vecinas a lo largo de milenios.
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