Historia de Asia

El surgimiento del sistema shōen‑koku y el gobierno cloisteral

Durante la época de Fujiwara no Michinaga y su hijo Yorimichi, la política de la corte estaba dominada por la poderosa familia Fujiwara. En este contexto, el emperador Gōshō‑ji comenzó a ejercer un control más directo sobre los asuntos del Estado, nombrando a destacados eruditos como Oe no Masafusa para impulsar reformas.

Orden de reorganización de villas de Nobuhisa

En 1069, el emperador Gōshō‑ji emitió la orden conocida como "Reorganización de villas de Nobuhisa", argumentando que el exceso de villas estaba reduciendo el territorio bajo control directo del Estado. Ya se habían intentado medidas similares bajo el emperador Daigo en 902 y bajo otro emperador en 1045, pero esas iniciativas fracasaron porque la ejecución quedó a cargo de los kokushi (gobernadores provinciales).

La orden de Gōshō‑ji buscó delimitar claramente los dominios de la aristocracia, los templos, los santuarios y los kokushi. Aunque los kokushi mantenían amplias tierras públicas, el número de villas controladas por la nobleza y los templos seguía creciendo. Para gestionar este mosaico de territorios, se crearon nuevas unidades administrativas —gunji, goji y hoji— encargadas de la recaudación de impuestos y de la defensa local.

En los centros administrativos, los tadokoro (oficinas fiscales) estaban dirigidos por funcionarios adjuntos de los kokushi, que actuaban como secretarios del gobierno central.

Nacimiento y mecanismo del sistema shōen‑koku

Los ministros de la administración comenzaron a tratar las tierras públicas como si fueran suyas, donándolas a los señores de los manoriales. Así surgió el sistema shōen‑koku, una estructura en la que convivían manoriales privados (shōen) y territorios públicos (koku) bajo la autoridad de la corte.

Gran parte de la tierra cultivable de los dominios públicos fue entregada a agricultores líderes, quienes poco a poco fueron consolidando sus derechos y se convirtieron en los llamados jito (señores de la tierra). Estos jito supervisaban a los campesinos, recibían tributos anuales y ejercían funciones administrativas y judiciales en sus dominios.

El inicio del gobierno cloisteral

El emperador Shirakawa, tras abdicar en 1086, se convirtió en emperador cloisteral y, junto a su sucesor el emperador Horikawa, ejerció el poder político desde su retiro, mientras mantenía la figura del emperador titular bajo su tutela.

El emperador retirado organizó un ejército samurái alrededor de los templos, reforzando la influencia de los centros religiosos. Tras la muerte de Horikawa, el gobierno cloisteral se consolidó, marcando una época en la que los emperadores retirados, como Shirakawa y Toba, controlaron la política durante más de un siglo, reduciendo significativamente el poder de los regentes.

En este sistema, los decretos emitidos por la oficina del emperador retirado (in‑no‑cho) tenían la misma fuerza que los edictos imperiales (inzen), influyendo directamente en los asuntos nacionales.

Base económica durante el gobierno cloisteral

Alrededor del emperador retirado surgió una élite conocida como in‑no‑kinshin, compuesta por funcionarios que gestionaban los ingresos de los dominios bajo su autoridad. Paralelamente, se expandió el sistema de shōen y la división de ingresos entre el Estado y los templos, convirtiendo gran parte del territorio público en propiedades casi privadas.

Los aristócratas y los grandes templos donaban villas al palacio imperial, obteniendo privilegios como la exención de impuestos y la prohibición de ingreso de autoridades externas, lo que reforzaba su autonomía.

Los templos también poseían extensas propiedades y monjes que competían con los kokushi por favores cortesanos, a veces estableciendo santuarios móviles para ganar influencia. Los aristócratas, temerosos del poder de los templos, emplearon samuráis para proteger sus intereses, lo que facilitó la inserción de la clase guerrera en la política central.

En las provincias, los samuráis construyeron fortalezas para consolidar alianzas con clanes locales. Figuras como Fujiwara Oshu en Mutsu y los señores Kiyohira, Hidehira y sus descendientes cultivaron una cultura propia que perduró durante tres generaciones, demostrando la creciente independencia regional.

En resumen, el periodo cloisteral se caracterizó por la fragmentación del poder: la aristocracia, los templos, los samuráis y el propio Estado competían por recursos y autoridad, sentando las bases de la sociedad feudal japonesa.