Los sentimientos respecto a la esclavitud en Estados Unidos estaban profundamente divididos entre los estados, lo que provocó un conflicto prolongado y amargo que culminó en la Guerra Civil.
Estados del Norte
Oposición a la esclavitud
La mayoría de los estados norteños habían abolido la esclavitud para la década de 1860 y la consideraban moralmente inaceptable, una violación de los derechos humanos que deshumanizaba a las personas y les negaba libertades básicas.
Motivaciones económicas
Algunos opositores argumentaban que el trabajo libre era más eficiente y productivo que el sistema esclavista, y temían que su expansión socavara la prosperidad económica nacional.
Movimiento abolicionista
El Norte fue cuna del movimiento abolicionista. Figuras como William Lloyd Garrison y Frederick Douglass denunciaron enérgicamente los males de la esclavitud y lucharon por su abolición inmediata.
Estados del Sur
Defensa de la esclavitud
Los estados sureños defendían fervientemente la esclavitud, considerándola esencial para su éxito agrícola y su bienestar económico. La economía de plantaciones dependía del trabajo esclavo.
Derechos de los estados
Reclamaban el principio de los derechos estatales, sosteniendo que el gobierno federal no tenía autoridad para intervenir en la esclavitud dentro de sus fronteras.
Miedo a las consecuencias económicas
Temían que la abolición provocara ruina económica y caos social, al interrumpir la fuerza laboral, reducir la productividad agrícola y generar violencia.
Apego cultural
Para muchos sureños la esclavitud estaba arraigada en su tejido social y cultural; algunos la justificaban como una forma de "cuidado paternalista", alegando que los esclavos estaban mejor bajo la "protección" de sus dueños.
Los intentos de compromiso, como el Compromiso de Misuri (1820) y el Compromiso de 1850, resultaron insuficientes. La profunda brecha entre Norte y Sur desencadenó la Guerra Civil en 1861, que terminó con la derrota de la Confederación y la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.