Antecedentes
En la década de 1970, el conflicto árabe‑israelí estaba en el centro de la agenda internacional. Varios países árabes y musulmanes impulsaron una iniciativa para denunciar al sionismo como una forma de racismo.
Aprobación y votación
El 10 de noviembre de 1975 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 3379. El texto declaraba que “el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial”. La votación resultó 72 a favor, 35 en contra y 32 abstenciones.
Reacciones de la comunidad internacional
Israel, Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa Occidental se opusieron firmemente a la medida. La resolución fue percibida como antisemita y generó protestas en varios parlamentos y foros internacionales.
Consecuencias para Israel
La resolución intensificó el aislamiento diplomático de Israel y alimentó el antisemitismo a nivel mundial. Además, dificultó las negociaciones de paz con los países árabes, al añadir una carga simbólica que complicó cualquier acercamiento.
Revocación
El 16 de diciembre de 1991 la Asamblea General aprobó la Resolución 46/67, que anuló la 3379. La revocación coincidió con el fin de la Guerra Fría y la firma de los Acuerdos de Madrid, marcando un cambio significativo en la postura internacional hacia el conflicto.