Apoyo inicial a los campesinos
Al comienzo de las revueltas, Lutero mostró cierta simpatía por las quejas de los campesinos y su demanda de justicia social. En su tratado Sobre la libertad del cristiano (1520) afirmó que «el poder del príncipe está limitado… y los campesinos no están obligados a obedecer una orden injusta que contradiga el evangelio».
Condena enérgica de la violencia
Cuando los levantamientos se tornaron más violentos y se extendieron por gran parte del Sacro Imperio, la actitud de Lutero cambió radicalmente. En el panfleto Contra las hordas asesinas y saqueadoras de campesinos (1525) describió a los insurgentes como «multitudes asesinas y saqueadoras» y urgió a la nobleza a reprimirlas con fuerza, diciendo: «Que todo el que pueda golpee, mate y apuñale al rebelde, pues no hay nada más venenoso, dañino o diabólico que un hombre rebelde».
Razones del cambio
Varias causas explican este giro:
- Temía que la revuelta dañara la causa de la Reforma protestante, que ya enfrentaba la oposición del catolicismo y del emperador Carlos V.
- Consideraba que las demandas económicas y sociales de los campesinos eran irrealizables y que sólo conducirían a mayor caos y sangre.
- Su visión del orden social estaba arraigada en la jerarquía tradicional, que concedía autoridad a los gobernantes y exigía obediencia a los súbditos.
Otros reformadores y la continuación del apoyo campesino
Mientras Lutero repudiaba la rebelión, algunos reformadores radicales, como Thomas Müntzer, defendieron a los campesinos. Müntzer sostenía que tenían derecho a resistir a los tiranos y a construir un orden más justo y equitativo.
Desenlace
Finalmente, las revueltas fueron sofocadas; la nobleza restableció su dominio sobre el campesinado, y la posición de Lutero quedó consolidada como defensor del orden establecido dentro de la Reforma.