Para enfrentar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos implementó un conjunto de políticas económicas que transformaron su industria, finanzas y fuerza laboral.
Expansión de la producción industrial
El gobierno impulsó la ampliación rápida de la producción, convirtiendo fábricas civiles en plantas militares, aumentando la capacidad de las instalaciones y destinando materias primas a sectores estratégicos.
Junta de Producción de Guerra (WPB)
Creada en enero de 1942, la WPB coordinó la producción industrial, asignó recursos, estableció prioridades y controló precios, trabajando estrechamente con el ejército y el sector privado.
Programa de Préstamo y Arriendo (Lend‑Lease)
Promulgado en marzo de 1941, permitió suministrar armas, equipos y alimentos a aliados como Gran Bretaña y la URSS sin pago inmediato, con la expectativa de reembolso o sustitución tras la guerra.
Movilización de la mano de obra
Se promovió la incorporación de mujeres al trabajo, se lanzaron programas de capacitación y se abordaron la escasez de mano de obra y la seguridad en los centros productivos.
Control de precios y racionamiento
Para evitar la inflación y garantizar una distribución equitativa, se establecieron límites de precios y sistemas de racionamiento de alimentos, gasolina y algunos bienes de consumo.
Bonos de guerra
El Estado emitió bonos que los ciudadanos podían comprar, financiando así los gastos militares y fomentando la participación popular en el esfuerzo bélico.
Servicio Selectivo
La Ley del Servicio Selectivo de 1940 instauró el reclutamiento obligatorio, obligando a los hombres aptos a registrarse para el servicio militar.
Aumento del impuesto sobre la renta
Se incrementaron las tasas del impuesto a las personas y a las empresas, generando los recursos necesarios para el enorme programa de defensa.
Estas medidas, combinadas con la potencia industrial del país, permitieron a EE.UU. movilizar su economía de forma eficaz y sostener su participación en la guerra.