Falta de un uniforme estándar
Durante la Guerra Revolucionaria el Ejército Continental no contaba con un uniforme único. Cada soldado combinaba ropa civil y piezas militares según su disponibilidad y las costumbres de su colonia.
Prendas más habituales
Camisas de caza: Camisas sueltas de lino o lana, con colas largas y cuellos abiertos, a menudo adornadas con flecos.
Pantalones: Pantalones hasta la rodilla, de lana o lino. En climas fríos se usaban polainas de cuero o tela para mayor abrigo.
Chaquetas: Abrigos de cola larga, generalmente de lana o mezcla de lana, con botones de latón y a veces con colores o ribetes regimental.
Sombreros: Gorras de fieltro de tres picos, gorros redondos o capuchas, a veces con cócadas patrióticas.
Calzado: Botas o zapatos de cuero resistentes; las botas altas ofrecían protección en terrenos difíciles.
Accesorios: Cajas de cartuchos, mochilas, cantimploras y bayonetas, fabricados mayormente en cuero o lona, diseñados para la funcionalidad.
Evolución hacia la uniformidad
A medida que la guerra avanzaba, se intentó dotar al ejército de una apariencia más coordinada, introduciendo uniformes más homogéneos y regulando los colores y los botones.
En resumen, la vestimenta de los soldados coloniales variaba mucho según los recursos y las tradiciones locales, pero con el tiempo se fue acercando a un uniforme más estandarizado.