Historia de Europa

Costumbres de Roma: ¡Todos al circo!

El Circo romano: pasión y espectáculo

¿Qué afición resulta más popular y visceral que pasar una cálida tarde de primavera en las gradas de una arena repleta, rodeado de multitudes vestidas con los colores de sus ídolos, mientras se reparten bebidas, apuestas y vítores? No, no hablo de un partido de fútbol, sino del Circo, el Ludus Maximus, la atracción más emblemática del mundo romano.

Costumbres de Roma: ¡Todos al circo!

Escena icónica de Ben-Hur

Arquitectura y funcionamiento

El suelo del circo era rectangular con extremos redondeados que facilitaban el giro de los carros. Su forma recordaba a un estadio ovalado actual, pero mucho más alargado. La pista principal, también llamada arena, estaba dividida por una pequeña pared central conocida como spina. Esta spina podía ser simple o estar adornada con estatuas, obeliscos y demás ornamentos. En cada extremo de la spina se erigían los metae, pilares cónicos que marcaban la meta. En el centro de la spina se encontraba el septemviri, una tabla manual que mostraba el número de vueltas mediante peces o delfines.

Circos en la provincia romana

No todas las ciudades contaban con un circo; sólo aquellas cuyas élites podían financiar su construcción en el siglo I d.C. Los restos visibles hoy día incluyen los de Emérita Augusta, Segóbriga o Toletum. En la mayoría de los casos, los circos quedaron bajo el tejido urbano, como en Sagunto, Valentia o Calagurris. Por ejemplo, el circo de Mérida medía 400 m de largo por 30 m de ancho y albergaba a casi 30 000 espectadores; el de Valentia, más modesto, podía recibir alrededor de 3 500 personas.

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Foro y Circo de Valentia

El majestuoso Circo Máximo

Tras la reforma de César, el Circus Maximus de Roma alcanzó 600 m de longitud por 200 m de ancho, con capacidad para cerca de 150 000 espectadores. Hasta doce cuadrigas podían correr simultáneamente. Augusto colocó un obelisco egipcio sobre la spina; sus bloques fueron reutilizados en el siglo XVI para construir la Basílica de San Pedro. Piedras que siguen atestiguando espectáculos milenarios.

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Circus Maximus, Roma

Los aurigas: héroes de la pista

Los verdaderos protagonistas no eran los duumvirios ni los emperadores, sino los valientes aurigas que arriesgaban sus vidas al mando de los carros. Muchos eran esclavos; si alcanzaban la fama, podían comprar su libertad. Además de los aficionados masculinos, las matronas también seguían con fervor a sus campeones favoritos.

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Auriga

Tipos de cuadrigas

Los aurigas pilotaban distintas clases de carros: bigas (dos caballos), trigas (tres) y cuadrigas (cuatro), estas últimas las que predominan en la imaginación popular, en parte gracias a la película Ben-Hur.

Caius Apuleio Diocles: la leyenda

El más famoso de todos fue Caius Apuleio Diocles, un lusitano que compitió durante 24 años, participó en 4 257 carreras y ganó 1 462. Sus triunfos le reportaron unos asombrosos 35 millones de sestercios. Murió a los 42 años en su villa de Praeneste (Italia). Diocles fue, sin duda, el “Fernando Alonso” de la Antigua Roma.

Colaboración de Gabriel Castelló.