Historia de Europa

Los oppida: los primeros asentamientos galos

Los oppida: los primeros asentamientos galos Oppidum es un término latino que designa los lugares fortificados de los galos. En sus inicios servía como refugio de emergencia: podía estar protegido por una hidrografía favorable (Lutecia, actual París), por pantanos (Alesia) o por una posición en peñasco (Bibracte, en la cima del Monte Beuvray, Morvan). Con el tiempo, el oppidum se transformó en un núcleo industrial, en un centro comercial donde vivían artesanos, comerciantes e incluso campesinos. Eran, a menudo, grandes poblaciones. Durante la conquista romana, Julio César empleó este vocablo para referirse a las ciudades celtas de la Galia, término que la arqueología sigue usando hoy día.

Sobre la migración y el asentamiento de los celtas en la Galia

Alrededor del siglo II a.C., los pueblos celtas dejaron de migrar y se establecieron en distintas zonas de Europa. En la Galia fundaron sus primeras ciudades, los oppida. Algunas surgieron a partir de la transformación o desplazamiento de aldeas preexistentes; otras se fundaron en lugares sin asentamiento previo.

El origen y desarrollo de estos núcleos se relaciona con dos procesos clave: la invasión de los cimbrios y teutones a finales del siglo II a.C., que incrementó la necesidad de defensa, y la creación de la provincia romana de la Narbonense, que permitió a los galos observar el modelo de las ciudades romanas y reproducirlo. Las excavaciones arqueológicas demuestran que la aparición de los oppida responde a cambios profundos en la sociedad gala.

Construcción de los oppida

Los oppida: los primeros asentamientos galosLos asentamientos estaban rodeados por muros de madera y piedra y podían extenderse por varios cientos de hectáreas. Las casas eran rectangulares, de unos diez metros de lado, con estructura de madera y paneles de entramado recubiertos de barro. Las calles se cruzaban en ángulo recto. En sitios como Villeneuve‑Saint‑Germain se ha detectado una especialización de barrios: artesanos del cuero, la textilería o el metal trabajaban en áreas específicas. Algunos oppida incluían espacios sin edificar que servían de refugio para la población y el ganado en caso de ataque.

Alrededor del 100 a.C., los oppida crecieron en tamaño e importancia. Sus murallas, construidas con una técnica gala, consistían en piedra seca reforzada con una armadura interna de madera y hierro y alcanzaban varios metros de espesor. La mayoría se adaptaba al relieve y se situaba en alturas, sobre colinas con escasas accesos planos, lo que dificultaba la acción de los enemigos y resistía los embates de los arietes romanos.

Función de las ciudades

En la “Guerra de las Galias” de César, la captura de un oppidum bastaba para que la población entera se rindiera. Estos centros eran capitales de territorios compuestos por aldeas y granjas aisladas, y fungían como polos de intercambio comercial y político: mercados, asambleas y ferias se celebraban allí. Su ubicación estratégica permitía controlar rutas comerciales importantes.

Algunos oppida, como Bibracte, capital de los Aedui, eran especialmente prósperos y mantenían intensas relaciones comerciales con el mundo mediterráneo. Además, albergaban una importante actividad industrial: los recursos y alimentos se producían en la zona rural, mientras que en la ciudad artesanos fabricaban productos terminados (herramientas, utensilios, tejidos, armas, etc.).

Ejemplo de oppidum gala: Bibracte

Los oppida: los primeros asentamientos galosHasta 1853, los investigadores confundieron Bibracte, descrita por Julio César como "la ciudad más grande y rica de los Aedui", con Autun, fundada por los romanos. Los restos que se creían ser murallas de campamento romano resultaron ser los de la antigua capital gala. Las excavaciones han revelado que Bibracte era un amplio centro urbano rodeado por una muralla de 5‑6 km de longitud.

En Bibracte se hallaron casas de mampostería que probablemente pertenecían a la aristocracia aeduí, a diferencia de otras ciudades donde la arquitectura de madera ha dejado pocos rastros. Su riqueza provenía del comercio con el Mediterráneo y de una floreciente industria metalúrgica: se han descubierto numerosos talleres de herrería, hornos y una gran forja que formaba un edificio de unos 80 m de longitud.

Evolución de los oppida

Los oppida: los primeros asentamientos galosLa aparición de los oppida provocó cambios esenciales en la organización de la sociedad celta. La monarquía hereditaria dio paso a un sistema oligárquico donde el poder estaba en manos de familias nobles influyentes, que ofrecían protección legal a cambio de servicios militares y tributos. Cuanto mayor era la protección que ofrecía un aristócrata, mayor era su peso social y su influencia en los juicios, lo que le permitía controlar la vida religiosa, política y económica.

Otros cambios notables fueron la creación de una caballería gala permanente y la ausencia de necrópolis junto a los oppida. La caballería, antes reclutada temporalmente, pasó a ser una fuerza profesional, mejor equipada (espada larga, casco, escudo y, a veces, cota de malla) y al servicio de la ciudad o de los nobles ricos. En cuanto a los entierros, no se hallan restos de sepulturas dentro de los oppida; se presume que los habitantes eran cremados y sus cenizas enterradas, una práctica que coincide con la aparición de estos centros urbanos.

Los oppida galos existieron entre los siglos III y I a.C. y se extendieron por gran parte de Europa, desde Irlanda hasta Italia y desde España hasta Hungría, constituyendo los asentamientos urbanos más antiguos al norte de los Alpes.

Para profundizar

La civilización gala, de Renée Grimaud. West‑France, 2013.

Un oppidum gala de las Alpilles: Las Cajas de Jean Jean en Mouriès (Bocas del Ródano), siglo VII a.C.‑III d.C.

El oppidum de Bibracte: mitos, arqueología y leyendas de un sitio gala.