En las primeras décadas del siglo XVIII, dos grandes potencias europeas ampliaron sus dominios a expensas del Imperio otomano: el Imperio austríaco y el Imperio ruso.
Tratado de Passarowitz (1718)
Tras la victoria en la guerra austro‑turca (1716‑1718), Austria obtuvo importantes territorios: partes de Hungría, de Serbia y de Valaquia, incluida la región sur‑rumana de Oltenia.
Tratado de Prut (1711)
En el conflicto ruso‑otomano (1710‑1711), Rusia se quedó con Azov y con las zonas situadas al norte del Mar Negro, consolidando su presencia en la región.