Existen muchas razones para abandonar la propia patria: mejores oportunidades laborales, formación más barata o, simplemente, gente más amable (un punto alto para un austríaco). Pero, como todos sabemos, no todos los desplazamientos son voluntarios. No todos los que viven en el extranjero se autodenominan expatriados, toman clases de teatro en inglés y se reúnen en pubs irlandeses. Existe también el término menos popular: refugiado. En este artículo hablamos de un grupo de refugiados que marcó a Europa como ningún otro: la huida de los hugonotes.
¿Quiénes eran los hugonotes?
Los hugonotes eran, en la Francia de entonces, protestantes reformados. Hoy resulta difícil asociar el protestantismo con Francia, y la razón es tan sangrienta como previsible. Todo comenzó de forma sorprendentemente civilizada. En 1517, Martín Lutero clavó sus tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg, desencadenando una revolución que pronto encontró terreno fértil más allá de Alemania. En Francia, filósofos como Erasmo de Rotterdam y Jacques Lefèvre empezaron a debatir sus ideas, y el rey Francisco I, siempre interesado en usar la Iglesia como una herramienta estatal, vio con buenos ojos una posible independencia de Roma.
Sin embargo, la situación cambió rápidamente. En 1521 el Papa excomulgó a Lutero, lo que obligó a la monarquía francesa a reaccionar ante la presión de la Iglesia católica, la única burocracia eficaz del reino. A partir de entonces, los protestantes franceses –hugonotes y reformados– fueron objeto de una creciente persecución que se intensificó en los años 1520 y 1530.
La Inquisición y la represión
En 1535 Francisco I fundó la Inquisición francesa, conocida como la "Chambre ardente", cuyos miembros, autodenominados "los inquisidores del Señor", recorrieron el país persiguiendo a los considerados herejes mediante torturas y ejecuciones. En ese contexto, Juan Calvino fue expulsado de París y se refugió en Ginebra, donde fortaleció el centro reformista que se convertiría en una amenaza latente para Francia.
A pesar de la opresión, surgieron comunidades protestantes clandestinas por todo el territorio, llegando a representar alrededor del 10 % de la población.
La guerra civil contra los hugonotes
El conflicto se agudizó bajo los reinados de Francisco I y su hijo Enrique II. Nobles y ciudades se alinearon con los hugonotes, y estallaron guerras civiles. El punto álgido llegó en 1572 con la Masacre de San Bartolomé, cuando guardias reales asesinaron a líderes protestantes en París y se desató una ola de violencia que cobró decenas de miles de vidas.
Tras años de escaramuzas, el Edicto de Nantes de 1598 concedió a los protestantes plena ciudadanía y libertad religiosa, aunque el catolicismo quedó como religión oficial. Este acuerdo fue una bomba de tiempo que el rey Luis XIV desactivó en 1685 al revocar el edicto.
La crisis de refugiados
Con la revocación, el protestantismo volvió a ser delito. Los hugonotes que no se convertían ni se rebelaban eran encarcelados, expropiados o expulsados. Aproximadamente 200 000 huyeron a finales del siglo XVII hacia países protestantes: Inglaterra, los principados alemanes (especialmente Berlín), Suiza, los Países Bajos y las colonias norteamericanas.
Para Francia fue un éxodo de cerebros: los hugonotes formaban parte de la élite educada y acomodada, y su partida supuso una drástica pérdida de mano de obra cualificada y de ingresos fiscales, agravando la deuda nacional y la desigualdad. Curiosamente, el costo de esta catástrofe recayó cien años después en el propio Luis XVI.
En contraste, los destinos receptores se beneficiaron enormemente. En Prusia y en Inglaterra, los hugonotes y sus descendientes impulsaron desarrollos técnicos, económicos y, en última instancia, los primeros pasos de la industrialización. Sus contribuciones dejaron una huella profunda en la Europa de los siglos posteriores.
Si te interesa saber qué lecciones podemos extraer de este episodio histórico y cómo se repite la historia, no dejes de leer el próximo artículo. ¡Nos vemos en dos semanas!