El Holocausto, el genocidio de seis millones de judíos perpetrado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial, fue un factor decisivo en la creación del Estado de Israel. A continuación se explican los principales vínculos entre ambos acontecimientos.
Aumento del nacionalismo judío
El horror del Holocausto reforzó la convicción de que los judíos necesitaban un hogar propio donde pudieran vivir con seguridad. Sobrevivientes y refugiados buscaron asilo en Palestina, entonces bajo mandato británico.
Simpatía internacional
Las imágenes y testimonios del exterminio despertaron una profunda conmoción mundial. Esa empatía se tradujo en mayor apoyo político a la idea de un Estado judío.
Sentimiento de culpa de las potencias occidentales
La pasividad de muchos países ante el genocidio generó un sentimiento de responsabilidad y la voluntad de reparar el daño, lo que favoreció la aceptación de una solución nacional judía.
Inmigración judía bajo el Mandato británico
Ya antes de la guerra, la inmigración judía a Palestina había crecido. Tras el conflicto, el flujo se disparó, pues los sobrevivientes buscaban reconstruir sus vidas lejos de Europa.
Plan de partición y Resolución 181 de la ONU
En 1947 la ONU aprobó la Resolución 181, que proponía dividir Palestina en estados judío y árabe. La memoria del Holocausto influyó en la percepción de la comunidad internacional sobre la necesidad de un refugio seguro para los judíos.
Declaración de independencia
El 14 de mayo de 1948, la Agencia Judía proclamó la independencia del Estado de Israel, poniendo fin al Mandato británico. El Holocausto fue una fuerza motriz de esa decisión, ya que muchos consideraban que solo un Estado soberano podía garantizar su supervivencia.
En síntesis, el Holocausto intensificó el nacionalismo judío, generó simpatía global y moldeó la política internacional, factores que convergieron para hacer posible la creación de Israel.