Primera Guerra Púnica (264‑241 a.C.)
El conflicto comenzó por el control de Sicilia y se desarrolló mayormente en el mar, donde ambas potencias emplearon tácticas navales innovadoras.
Roma logró la ventaja decisiva al derrotar a la flota cartaginesa frente a las Islas Egadi en 241 a.C.
Consecuencias del tratado de Lutacio y Cátulo
1. Cesión de territorio: Cartago entregó Sicilia a Roma, consolidando el dominio romano en la isla.
2. Indemnizaciones de guerra: Cartago tuvo que pagar una considerable suma a Roma durante diez años.
3. Reducción del poder naval: La marina cartaginesa quedó drásticamente limitada y quedó prohibido construir nuevos buques sin autorización romana.
Segunda Guerra Púnica (218‑201 a.C.)
El estallido de la guerra se debió a la invasión de Italia liderada por Aníbal, famoso por cruzar los Alpes con elefantes.
Destacan batallas como Cannae (216 a.C.), donde Aníbal infligió una derrota aplastante al ejército romano.
El conflicto culminó con la victoria de Escipión el Africano sobre Aníbal en la batalla de Zama (202 a.C.), sellando el triunfo romano.
Resultados
1. Pérdida de territorio e influencia: Cartago perdió la mayor parte de sus posesiones en España, el norte de África y las islas del Mediterráneo.
2. Indemnizaciones más onerosas: Se impusieron reparaciones de guerra aún mayores que tras la primera guerra.
3. Fin de la independencia: Cartago pasó a ser un estado cliente de Roma, perdiendo su soberanía.
Tercera Guerra Púnica (149‑146 a.C.)
El temor romano a un renacer cartaginés provocó el conflicto. Después de un sitio de tres años, Roma capturó y arrasó la ciudad en 146 a.C.
El resultado fue la destrucción total de Cartago y la esclavitud de sus habitantes supervivientes.
Este episodio marcó el fin definitivo de Cartago como potencia relevante en el Mediterráneo.