Historia de Europa

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

Desde la Antigüedad la gente ha debatido si las reliquias —fragmentos corporales de santos u objetos que los tocaron— poseen una base histórica verificable o son simplemente el resultado de una devoción exagerada y de comerciantes que buscaban lucro.

El Santo Sudario

Conservado en la Catedral de Turín, es el más famoso y estudiado. Se trata de una tela de lino que, según la tradición, cubrió el cuerpo de Jesús tras su crucifixión y en la que quedó impresa su imagen. Las pruebas de radiocarbono, el análisis de polen y la digitalización de la imagen no han llegado a un consenso definitivo sobre su autenticidad. En la catedral de Oviedo se venera el llamado Velo de Oviedo, considerado por algunos como el pequeño sudario que cubrió la cabeza de Cristo.

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

El Velo de Verónica

Ubicado en la Basílica de San Pedro en Roma, la leyenda cuenta que Verónica, al pasar por Jesús cargando la cruz, le limpió el sudor con un paño, dejando su rostro impreso. No existen documentos que prueben su origen antes de la Edad Media y nunca se ha realizado un estudio científico. El jesuita e historiador del arte José Wilpert lo describió como “un trozo cuadrado de material claro, descolorido por la edad, con dos manchas pardas difusas”. Actualmente hay tres réplicas veneradas, dos de ellas en Alicante y Jaén.

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

El Santo Cáliz

Conservado en la Catedral de Valencia, este cáliz de calcita de 7 cm de alto y 9,5 cm de diámetro, con un pie y asas añadidas entre los siglos X y XIV, se identifica como el posible vaso usado en la Última Cena. La tradición lo vincula a San Pedro y al monasterio de San Juan de la Peña, aunque la primera mención documental data del siglo XIII. Entre los varios candidatos, el cáliz valenciano es el que mejor se asemeja a los vasos palestinos hallados de la misma época.

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

La Santa Cruz, la inscripción INRI y los clavos

Se conservan en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, en Roma, fragmentos de la cruz de Cristo, la tabla con la inscripción INRI («Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum») y dos clavos. Según la Legenda Aurea de Jacobo de Vorágine, la cruz fue enterrada en el Calvario, cubierta por un templo a Venus bajo el emperador Adriano y redescubierta en el 326 por la emperatriz Elena, quien la llevó a Roma. Allí se depositó en la Basílica del Santo Sepulcro. En España, fragmentos se veneran en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana (Cantabria) y en la Colegiata de Caspe (Zaragoza).

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

La Corona de Espinas

Guardada en la Catedral de Notre‑Dame, París, se dice que es la corona de espinas que los romanos colocaron a modo de burla sobre la cabeza de Jesús. La primera referencia data del siglo V, pero desaparece hasta el siglo XI, cuando reaparece en Constantinopla. En 1238 el emperador Balduino II la regaló al rey Luis IX de Francia, quien la alojó en la Capilla de la Sagrada. Tras la Revolución Francesa fue trasladada a Notre‑Dame. Una espina se venera también en la catedral de Barcelona.

Reliquias de la Pasión de Cristo: ¿Realidad histórica o mera devoción?

El conjunto de reliquias atribuidas a la Pasión —la lanza de Longino, la sangre de Cristo, la esponja con vinagre, entre otras— es amplio. La Iglesia actual examina rigurosamente cada pieza antes de reconocer su autenticidad, aunque respeta la devoción popular y deja a la fe individual la decisión de creer en su origen.

Exageraciones y falsificaciones

Junto a las reliquias con posible base histórica, existen muchas supuestas piezas cuya existencia resulta, en el mejor de los casos, altamente dudosa:

  • Treinta monedas de Judas, que en realidad se cuentan alrededor de doscientas.
  • Se dice que San Juan Bautista poseía sesenta dedos.
  • Tres prepucios de Jesús.
  • Una paja del pesebre del niño Jesús.
  • Un trozo de mantel de la Última Cena.
  • Carbón del martirio de San Lorenzo en la parrilla.
  • Una piedra con la que San Esteban fue apedreado.
  • Diente de Santa Apolonía, martirizada al arrancarle los dientes.
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