Historia antigua

La tablilla universal del Diluvio resurge del olvido

La tablilla universal del Diluvio resurge del olvido

Tablilla del siglo XIII a.C. que relata el sueño de Gilgamesh. • British Museum

En la Inglaterra victoriana del siglo XIX, las familias modestamente acomodadas tenían escasas oportunidades para ofrecer a sus hijos una educación destacada. Ese era el caso de George Smith, nacido en marzo de 1840 en Londres. Desde muy joven trabajó en una editorial que colaboraba con la Royal Mint británica, donde aprendió a realizar incisiones y grabados para los billetes.

Sin embargo, Smith se distinguía de los demás niños que vagaban por las húmedas calles londinenses: desde muy pequeño se sintió fascinado por los descubrimientos arqueológicos de Henry Layard y otros británicos en la actual Irak. Pasaba horas contemplando las tablillas cuneiformes exhibidas en los vitrines del British Museum, en los nuevos salones destinados a presentar esos hallazgos al público.

Un rompecabezas meticuloso

Henry Rawlinson, jefe de la colección oriental del museo, notó la constante presencia del joven ante las vitrinas y percibió su escaso interés por esculturas y relieves de reyes, dioses asirios o criaturas fantásticas. Reconociendo el talento natural de Smith, Rawlinson logró, en 1861, que el museo lo contratara para restaurar y clasificar las tablillas cuneiformes, muchas de ellas procedentes de las excavaciones de Nimrud y Nínive. La acumulación de piezas en los almacenes empezaba a generar desorden, y la labor de Smith era esencial.

Rápidamente aprendió la ortografía y los idiomas sumerio y acadio de los textos, convirtiéndose en pocos años en un experto. Tras años revisando miles de fragmentos en cajas polvorientas, un día un trozo llamó su atención: una pieza de tamaño medio, rectangular y con una rotura diagonal. A diferencia de los demás, contenía unas líneas que aludían al relato bíblico del Diluvio universal.

Fragmento tras fragmento, George Smith logró completar una primera tablilla que, en unas breves líneas, hacía referencia a la historia del Diluvio.

Smith recordó: «Al trabajar con los fragmentos encontré rápidamente la mitad de una interesante tablilla que originalmente tenía seis columnas. En la tercera columna leí que el barco encalló en el Monte Nisir; la columna siguiente describía el envío de la paloma que no encontró tierra para posarse y volvió. Comprendí entonces que había descubierto, al menos en parte, el relato caldeo del Diluvio… Seguí encontrando fragmentos de otras copias y, al alinearlos, reconstruí la mayor parte de la segunda columna y gran parte de la primera y la sexta. El hallazgo me emocionó tanto que corrí por la sala, y al verme, mis compañeros notaron que, entusiasmado, ¡empezaba a desvestirme!».

Así, Smith identificó la versión del Diluvio contenida en el Epopeya de Gilgamesh, una de las obras literarias más antiguas de la humanidad. Por primera vez demostró que los relatos del Génesis estaban presentes en documentos ajenos a la Biblia y, de hecho, anteriores a su redacción. En la Europa del siglo XIX, el impacto de este descubrimiento fue extraordinario tanto entre especialistas como entre el público general.

Ante la conmoción generada, los editores del Daily Telegraph le ofrecieron a Smith cubrir todos los gastos de un viaje a Irak para buscar más textos que contaran esas legendas, a cambio de que el periódico tuviera la exclusividad de sus hallazgos. En 1873, el ex‑empleado de la Royal Mint partió hacia Oriente, bajo la atenta mirada de los periodistas del Daily Telegraph.

Tres viajes a Irak

El camino hacia Mesopotamia fue arduo. Smith, poco habituado a los desplazamientos, enfermó frecuentemente por la comida y el clima. Al llegar a Mosul, la administración otomana, a la que pertenecía el territorio iraquí, lo sumergió en un laberinto burocrático que retrasó las excavaciones varios meses. Sin embargo, pocos días después de iniciar los trabajos, comenzó a descubrir nuevos fragmentos de una historia que llamó “El Diluvio Primitivo”, perteneciente al aún desconocido Epopeya de Atrahasis.

El Daily Telegraph publicó la primicia, pero, al cumplirse sus expectativas, decidió retirar el apoyo económico al joven filólogo. Smith regresó a Londres con 384 fragmentos de tablillas de arcilla, entre los que estaban los que completaban el relato del Diluvio. Realizó dos viajes más: en 1874 halló fragmentos relacionados con los mitos de la creación del hombre, la Torre de Babel y otras leyendas bíblicas.

Durante sus viajes, Smith trabajó en condiciones difíciles; durante su tercera estancia contrajo disentería, lo que resultó fatal.

En agosto de 1876, al regresar de su tercera expedición al norte de Irak, Smith sufrió una grave disentería en Siria. El calor del verano empeoró su estado, hasta el punto de que ya no podía montar a caballo. Su asistente lo instaló en el poblado de Ikisji, a 70 km de Alepo, donde buscaron a un médico de habla inglesa; solo encontraron al dentista John Parsons, incapaz de aliviarlo. Finalmente lo trasladaron a Alepo en un tatravan, una especie de asiento cubierto en el lomo de una mula, pero el viajero del Epopeya de Gilgamesh falleció en el trayecto, a los 36 años.

Su cuerpo fue enterrado inicialmente cerca del hospital protestante de Alepo. Años después, los restos fueron reubicados y una modesta lápida, encargada por el arqueólogo Max Mallowan (esposo de Agatha Christie) a petición del British Museum, marcó su tumba.

Con el paso del tiempo, la ubicación de la tumba de George Smith, situada en el cementerio del distrito Sheikh Maqsoud (reservado a armenios protestantes), quedó en el olvido. Fue redescubierta recientemente por el autor de estas líneas. La lápida, de mármol rojo en forma de libro abierto, lleva una inscripción que recuerda sus méritos y su contribución a la difusión del conocimiento.

Línea de tiempo

1861
El arqueólogo Henry Rawlinson contrata a George Smith para clasificar tablillas cuneiformes.

1872
En Nínive, Smith encuentra referencias al gran Diluvio en las tablillas de Gilgamesh.

1873
Financiado por el Daily Telegraph, Smith recupera fragmentos faltantes en Irak.

1876
Al regresar de su tercer viaje, contrae disentería y muere en Alepo a los 36 años.

Datos destacados

24 000 tablillas
Austen Henry Layard descubrió en 1845 los restos de Nínive, capital asiria de Senaquerib. En 1849 halló la gran biblioteca de Asurbanipal, rey asirio del siglo VII a.C., que contenía alrededor de 24 000 tablillas cuneiformes.

Prueba escrita
Un fragmento descubierto por Layard en la biblioteca de Asurbanipal permaneció en los almacenes del British Museum hasta que George Smith lo reidentificó. Los fragmentos hallados en Irak le permitieron reconstruir el texto: «Pero Ea, señor del agua bajo la tierra, … me ordenó construir una barca y me advirtió que el Diluvio duraría siete días. … Cargué todo el oro y la plata que tenía, llevé a mi familia, a mis parientes, a los animales domésticos y a los de la llanura. … Las tormentas del Diluvio soplaron durante seis días y siete noches. Entonces el mar se calmó. … A lo lejos, hacia el horizonte, vi una franja de tierra. La barca encalló al pie del Monte Nisir.»

Publicación anterior