Historia antigua

Los germanos humillan al Imperio Romano: más de 20.000 muertos

Los germanos humillan al Imperio Romano: más de 20.000 muertos

Contexto de la campaña romana

A comienzos del siglo I d.C. Roma había conquistado gran parte de la actual Alemania. En el año 6 d.C. el emperador Tiberio derrotó a varias tribus germánicas y estableció una cabeza de puente al este del Rin, confiando su administración al patricio Publio Quintilio Varo.

Sin embargo, la revuelta iliria obligó a Tiberio a desviar gran parte de sus tropas. Varo quedó al mando sólo de tres legiones (XVII, XVIII y XIX) y de sus auxiliares, aunque gozaba de una reputación de crueldad y de favoritismo hacia los enemigos.

Arminio, el príncipe germano

Arminio, hijo del rey de los queruscos Sigimerio, fue enviado de niño a Roma como rehén. Allí recibió entrenamiento militar y, al regresar a Germania, se convirtió en consejero de Varo.

Aparentemente leal a Roma, Arminio trabajó en secreto para unir a las tribus germánicas contra el invasor. La retirada de fuerzas romanas por la guerra en Iliria le brindó la oportunidad perfecta para planear la rebelión.

La ruta hacia la catástrofe

En el verano de 9 d.C., Varo decidió trasladar su ejército desde el oeste del río Weser hasta el Rin para pasar el invierno allí. Arminio organizó una insurrección en la zona para obligar al general a cambiar de ruta.

El plan consistía en guiar a los romanos hacia el bosque de Teutoburgo, un terreno desconocido y propicio para una emboscada. La traición del suegro de Arminio reveló el plan a los romanos, pero Varo, ignorando las advertencias, entró en el bosque con tres legiones, seis cohortes auxiliares, tres escuadrones de caballería y numerosos civiles.

Según el historiador Dión Casio, Varo ni siquiera envió patrullas de reconocimiento antes de adentrarse en la zona.

La masacre en el bosque de Teutoburgo

El ejército romano marchaba en una columna de al menos 15 km de longitud. Dispersados, fueron atacados por los guerreros de Arminio a ambos lados del camino. Conociendo bien las tácticas romanas, Arminio dirigió magistralmente a sus hombres.

Los romanos lucharon con valentía desesperada, pero sufrieron grandes pérdidas. Al anochecer erigieron un campamento improvisado; al día siguiente, bajo una intensa lluvia, la cohesión del ejército se desintegró y se fragmentó.

Una nueva emboscada se produjo en las colinas de Calcriese, donde los germanos habían erigido una muralla y trincheras. La caballería romana intentó huir, pero fue rodeada y aniquilada por la caballería germana. La infantería quedó atrapada; los germanos la rodearon y la masacraron sin piedad. Varo se suicidó y el ejército romano fue aniquilado por completo. Sólo unos pocos prisioneros fueron mantenidos con vida, para ser sacrificados después a los dioses germánicos.

Consecuencias

Tras la victoria, Arminio capturó todas las fortalezas romanas al este del Rin. La noticia de la derrota provocó una gran consternación en Roma; Tiberio envió refuerzos para asegurar la línea del Rin. Arminio se convirtió en el líder supremo de los germanos, aunque fue asesinado por rivales en el año 21 d.C.

Los germanos humillan al Imperio Romano: más de 20.000 muertos