Contexto histórico
Cuando Augusto asumió el poder como primer emperador romano en el 27 a.C., encontró una ciudad deteriorada, con muchos edificios construidos con materiales modestos, como ladrillos cocidos al sol.
El ambicioso programa de construcción
Con el objetivo de convertir Roma en una capital digna del Imperio, Augusto lanzó una gran campaña de edificación. Se erigieron templos, teatros, baños públicos y otras obras monumentales, empleando materiales de alta calidad como el mármol y el granito.
Resultados y legado
Al momento de su muerte, en el 14 d.C., había supervisado la construcción o renovación de más de 80 edificios. Estas obras no solo embellecieron la ciudad, sino que también sirvieron como símbolo de su autoridad y de la gloria del Imperio.
La frase «Encontré Roma construida con ladrillos secados al sol; la dejé cubierta de mármol» resume la visión de Augusto de transformar la capital en una metrópolis majestuosa.