Introducción
Un equipo de la Universidad de Tel Aviv, dirigido por el profesor Oded Rechavi y en colaboración con el profesor Mattias Jakobsson de la Universidad de Uppsala (Suecia), ha logrado descifrar el ADN antiguo extraído de los pergaminos que forman los Rollos del Mar Muerto. Al caracterizar las relaciones genéticas entre los distintos fragmentos, los investigadores pudieron establecer importantes conexiones históricas.
La investigación, desarrollada durante siete años, se publicó el 2 de junio en la prestigiosa revista Cell y aporta una nueva luz sobre estos manuscritos milenarios.
"Hay muchos fragmentos que no sabemos cómo conectar, y unir los equivocados puede cambiar drásticamente la interpretación de cualquier rollo. Si asumimos que los fragmentos hechos del mismo animal pertenecen al mismo manuscrito, es como armar un rompecabezas", explica el profesor Rechavi.

Contexto histórico
Los Rollos del Mar Muerto comprenden alrededor de 25 000 fragmentos de cuero y papiro descubiertos desde 1947, mayormente en las cuevas de Qumrán, aunque también en otros sitios del desierto de Judea.
Entre los manuscritos se encuentran las copias más antiguas de textos bíblicos. Desde su hallazgo, los estudiosos han enfrentado el enorme desafío de ordenar los fragmentos y reconstruir los restos de aproximadamente 1 000 manuscritos que estaban ocultos en las cuevas antes de la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.C.
Durante mucho tiempo se debatió si esta colección refleja el entorno cultural más amplio del judaísmo del Segundo Templo o si, por el contrario, constituye la obra de una secta radical –identificada mayormente con los esenios– descubierta por azar.
Metodología del estudio genético
"Para distinguir entre manuscritos propios de esta secta y otros que reflejan una distribución más amplia, secuenciamos el ADN antiguo extraído de las pieles sobre las que fueron escritos. Sin embargo, secuenciar, descifrar y comparar genomas de 2 000 años de antigüedad es extremadamente complejo, sobre todo porque los manuscritos están muy fragmentados y solo se pueden obtener pequeñas muestras", comenta el equipo.

Para superar estas dificultades, los investigadores desarrollaron métodos sofisticados que permiten obtener información de escasas cantidades de ADN antiguo, filtrando meticulosamente posibles contaminaciones y validando estadísticamente los resultados. Uno de los mayores retos fue diferenciar los genomas de animales de la misma especie (por ejemplo, dos ovejas del mismo rebaño), que son casi idénticos, e incluso distinguir entre especies diferentes (ovejas y cabras) que comparten gran similitud genética.
La Unidad de los Rollos del Mar Muerto de la Autoridad de Antigüedades de Israel proporcionó muestras –a veces solo polvo de pergamino retirado cuidadosamente de la parte posterior no escrita de los fragmentos– que fueron enviadas al laboratorio del profesor Jakobsson en Uppsala. Para evitar contaminaciones, la Dra. Anava viajó a Suecia y extrajo el ADN bajo estrictas condiciones (trajes de cuerpo entero, flujo de aire controlado, etc.).

Paralelamente, el laboratorio de metagenómica del profesor Mason en Nueva York estudió los contaminantes microbianos presentes en los rollos. Según Jakobsson, "es notable que hayamos recuperado suficiente ADN auténtico de fragmentos de 2 000 años, considerando la dura historia de las pieles: fueron transformadas en pergamino, expuestas a ambientes hostiles, dejadas durante dos milenios y, finalmente, manipuladas de nuevo al ser redescubiertas".
Hallazgos más relevantes
Uno de los descubrimientos más sorprendentes fue la identificación de dos fragmentos muy diferentes del Libro de Jeremías. "Casi todos los rollos que muestreamos estaban hechos de piel de oveja, por lo que gran parte del trabajo consistió en intentar unir los fragmentos procedentes de la misma oveja y separarlos de los escritos en pieles de ovejas distintas con genomas casi idénticos", explica Rechavi. "Sin embargo, dos muestras resultaron ser de cuero de vaca y pertenecen a dos fragmentos distintos del Libro de Jeremías. Anteriormente se pensaba que uno de esos fragmentos de vaca pertenecía al mismo rollo que otro de piel de oveja; la discrepancia genética refuta esa teoría".
Además, "criar vacas requiere pastos y agua, por lo que es muy probable que el cuero de vaca no provenga del desierto, sino que haya sido traído a las cuevas de Qumrán desde otra región. Estos fragmentos provienen de dos copias diferentes del Libro de Jeremías, lo que indica versiones textuales distintas de la que conocemos hoy".
El profesor Mizrahi amplía: "Desde la Antigüedad tardía el texto bíblico muestra una casi total uniformidad; una Torá en Kiev sería prácticamente idéntica a una en Sídney. En Qumrán, sin embargo, encontramos versiones diferentes del mismo libro en la misma cueva. La pregunta es si esa 'pluriformidad' textual es una característica propia del grupo sectario o refleja una diversidad más amplia en la sociedad judía de la época. El ADN antiguo demuestra que dos copias de Jeremías, textualmente distintas, llegaron desde fuera del desierto de Judea, lo que sugiere que la autoridad scriptural en ese periodo era diferente a la que se consolidó tras la destrucción del Segundo Templo".

Resolución genética de fragmentos de piel
Como la mayoría de los manuscritos están escritos en piel de oveja, el equipo tuvo que encontrar una forma de distinguir, con mayor resolución, entre los genomas muy similares de distintas ovejas.
"El ADN mitocondrial nos indica si es una oveja o una vaca, pero no permite diferenciar entre ovejas individuales", señala Rechavi. "Desarrollamos nuevos métodos experimentales y computacionales para examinar fragmentos de ADN nuclear preservado, que se han desintegrado durante dos milenios en cuevas áridas y se han contaminado a lo largo de los siglos, incluso por personas que manipularon los rollos sin guantes".
Con estas técnicas, se descubrió que todos los fragmentos escritos con el llamado “sistema de escribas de Qumrán”, característico de la escritura sectaria, comparten una firma genética que los diferencia de otros pergaminos escritos con estilos distintos y hallados en las mismas cuevas. Este hallazgo ofrece una herramienta poderosa para distinguir entre los rollos propios de la secta y los que provienen de fuera, posiblemente representando a la sociedad judía más amplia de la época.

Ampliación del estudio
El proyecto no solo analizó fragmentos de rollos, sino también otros artefactos de cuero hallados en distintos sitios del desierto de Judea. Las diferencias genéticas entre ellos permitieron a los investigadores identificar distintos grupos de procedencia.
Según el profesor Mizrahi, muchos fragmentos fueron encontrados por pastores, entregados a antiquarios y, solo después, puestos a disposición de los académicos.
"No siempre sabemos con precisión dónde se descubrió cada fragmento, y a veces se ha difundido información errónea al respecto", comenta Mizrahi. "Determinar el sitio de origen es crucial porque influye en la interpretación del contexto histórico. Por eso nos sorprendió descubrir que un fragmento, sospechado de no provenir de Qumrán sino de otro lugar, presenta una 'firma genética' distinta a la de todos los demás rollos analizados".