En la época clásica de Mesoamérica, muchas pirámides mayas dejaron de ser simples templos y se convirtieron en monumentos funerarios. Lo sorprendente es que, al igual que las muñecas rusas, unas se encuentran dentro de otras.

Ejemplos emblemáticos
El templo de Kukulcán, conocido como El Castillo, en Chichén Itzá (México), alberga dos pirámides encajadas una dentro de otra.
En la selva de Petén, Guatemala, “La Danta” (nombre que significa “tapir” en español) se eleva sobre una colina natural y es la pirámide más alta del mundo maya, con 76 m de altura. Según Philippe Nondédéo, investigador del laboratorio Arqueología de las Américas (CNRS/Universidad París I), estas impresionantes construcciones fueron símbolos de poder, pero su función cambió con el tiempo.
Del culto a la naturaleza al monumento funerario
Durante el período Preclásico Medio (600 – 300 a.C.), las primeras arquitecturas monumentales mayas se erigieron para honrar entidades naturales. En la cúspide de estas estructuras se encontraba un conjunto de tres edificios, llamado “triádico”, que simbolizaba las tres piedras del hogar y el eje del mundo.
En el periodo Clásico (siglos II – X), cuando el poder se concentró en la figura del rey, muchas pirámides se transformaron en tumbas reales. Cada nuevo gobernante construía una plataforma sobre la del antecesor, creando una sucesión de estructuras anidadas: “El primer gobernante fue enterrado bajo una pequeña plataforma. Su sucesor erigió una estructura en honor a su padre, destinada a coronar la anterior. El siguiente hizo lo mismo, y así sucesivamente. La idea era seguir la línea”, explica Nondédéo.
La tecnología que desveló los secretos
En 2016, el uso de una técnica no invasiva de tomografía de resistividad eléctrica 3D confirmó este patrón en la pirámide de Kukulkán (siglo XII). El estudio reveló claramente la arquitectura anidada, aunque no todas las pirámides fueron diseñadas de esa forma; por ejemplo, la de Tikal, en Guatemala, es una construcción monolítica.
Durante el Posclásico, cuando la autoridad real decayó, las pirámides volvieron a dedicarse a deidades y siguieron construyéndose hasta poco antes de la llegada de los conquistadores, como muestra la ciudad de Mayapán, fundada alrededor de 1450.
Este artículo proviene del número especial de Sciences et Avenir, “La ciencia de los constructores”, publicado en julio‑agosto de 2019.