El oficio del curtidor en el siglo XVIII
En el siglo XVIII el curtidor era un artesano esencial, encargado de transformar pieles de animales en cuero resistente y flexible, materia prima de innumerables productos.
1. Preparación de la piel
Se retiraba toda la carne, grasa y pelaje restante de la piel para dejarla lista para los siguientes procesos.
2. Remojo
Las pieles se sumergían en agua para eliminar suciedad, sangre y otras impurezas.
3. Despelado
Tras el remojo, se despelaba la piel, ya sea raspando a mano o usando una solución de cal que aflojaba el pelo.
4. Desflesado
Se eliminaban los restos de carne que quedaban en la cara interna de la piel.
5. Curtido
Las pieles se trataban con agentes curtientes, normalmente extractos vegetales como la corteza de roble u otros árboles ricos en taninos. Este proceso podía durar semanas o incluso meses.
6. Curado (currying)
Una vez curtidas, las pieles pasaban por el curado, que consistía en ablandar y estirar el cuero para hacerlo más flexible. Se aplicaban aceites, grasas y otras sustancias para lograr la textura y el acabado deseado.
7. Secado y acabado
El cuero curado se secaba y se le daban los últimos retoques: teñido, pulido, embossado u otras técnicas de acabado.
8. Corte y confección
Algunos curtidores también cortaban y cosían el cuero para fabricar productos como calzado, prendas, bolsos o tapicería.
9. Control de calidad
Inspeccionaban cada pieza en busca de defectos, verificaban que el proceso de curtido se hubiera realizado correctamente y probaban la durabilidad y flexibilidad del cuero terminado.
10. Comercio
Finalmente, vendían el cuero a zapateros, armeros, tapiceros y otros artesanos que lo utilizaban en sus oficios.
En resumen, el curtidor del siglo XVIII era un artesano altamente cualificado que convertía pieles crudas en un material versátil y fundamental para la vida cotidiana de la época.