Constantino I
Tras la muerte de su padre, Constantino fue proclamado emperador romano y, al principio, gobernó la Galia, Bretaña y la Hispania. En el año 310 el Imperio contaba con siete emperadores simultáneos. Se alió con Licinio, quien en 313 emitió el Edicto de Milán, garantizando la libertad de culto a los cristianos. En 324, Constantino logró reunificar el Imperio bajo su mando.
Fundador del Imperio cristiano
Su conversión al cristianismo marcó un punto de inflexión: concedió privilegios fiscales a los fieles y estableció al cristianismo como la religión dominante del Estado. Además, consolidó la monarquía absoluta bajo la doctrina del derecho divino, situando a Dios por encima del soberano.
Reformas internas y fundación de Constantinopla
Constantino emprendió una profunda reorganización interna: introdujo una nueva moneda, hizo hereditarias las funciones de los funcionarios municipales y, en 324, fundó Constantinopla como la nueva capital del Imperio. La ciudad servía como contrapeso a Roma y como bastión defensivo frente a la amenaza persa.
Fechas clave: 272 d.C. – 337 d.C.

Estado: Emperador