Al inicio del Holocausto, los nazis utilizaban vagones de carga, también conocidos como “vagones de ganado”, para deportar a judíos y otras víctimas a los campos de exterminio.
Tamaño y apariencia
Los vagones eran grandes cajas metálicas, rectangulares, de unos 10 a 12 metros de longitud y entre 2,5 y 3 metros de altura. Su superficie estaba pintada de colores oscuros, generalmente negro o marrón, sin marcas distintivas. Cada extremo disponía de puertas correderas o con bisagras para la carga y descarga.
Ventanas
Contaban con pequeñas ventanas con rejas o mallas a los lados, a menudo demasiado altas y estrechas para que los ocupantes pudieran ver hacia fuera o recibir ventilación adecuada.
Interior
El interior estaba configurado para maximizar el número de personas que podían ser transportadas, dejando poco o ningún espacio para moverse. Se instalaban estantes o literas a lo largo de los laterales, a veces en varios niveles, donde la gente se sentaba o se recostaba. No había calefacción, ventilación ni instalaciones sanitarias, creando condiciones insalubres e inhumanas. En el suelo a veces se colocaba paja u otro material para servir de lecho rudimentario.
Condiciones de hacinamiento
Se llegaba a empaquetar a cientos de víctimas en un solo vagón, provocando un hacinamiento extremo. Los individuos estaban obligados a estar de pie, sentados o acostados en posiciones incómodas durante largos trayectos. La falta de ventilación, alimento y agua, sumada al hacinamiento, provocaba sufrimiento y muerte antes de llegar a los campos de concentración.