Durante la Revolución Industrial se promulgaron numerosas normas destinadas a proteger a la fuerza laboral y a elevar sus condiciones de vida y trabajo.
Ley de Fábricas (Factory Acts)
El primer Factory Act se aprobó en el Reino Unido en 1802 y, a lo largo del siglo XIX, se adoptaron varias versiones. Estas normas establecieron una edad mínima para el empleo infantil, limitaron la jornada laboral y fijaron requisitos de higiene y seguridad en las fábricas.
Ley de Minas de 1842
Prohibió la contratación de mujeres y menores en minas subterráneas y reguló la ventilación, las medidas de seguridad y el tiempo de trabajo, mejorando notablemente las condiciones en el sector minero.
Ley de Sindicatos (Trade Union Act) de 1871
Reconoció el derecho de los trabajadores a crear sindicatos y a negociar colectivamente. Esto les dio una voz más fuerte para exigir salarios justos y mejores condiciones laborales.
Ley de Responsabilidad del Empleador de 1880
Estableció que los empleadores son responsables por los accidentes o lesiones sufridas por sus empleados en el trabajo, permitiendo demandas de indemnización por negligencia o entornos inseguros.
Ley de Compensación al Trabajador de 1897
Creó un sistema de compensación para los trabajadores lesionados o enfermos a causa de su labor, obligando a los empleadores a pagar indemnizaciones sin necesidad de probar culpa.
Ley de Normas Laborales Justas (Fair Labor Standards Act) de 1938 – EE. UU.
Estableció el salario mínimo, la jornada máxima de 40 horas y el pago de horas extra. También prohibió el trabajo infantil y reguló la documentación de las condiciones laborales.
Legislación de Salud y Seguridad
Varios países adoptaron normas específicas para proteger la salud de los trabajadores, abordando ventilación, iluminación, seguridad de máquinas y exposición a sustancias peligrosas.
En conjunto, estas leyes sentaron las bases de los derechos laborales modernos, proporcionando protección básica, promoviendo un trato más equitativo y allanando el camino para futuras reformas.